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Archive for octubre, 2011

La madre de todas las crisis

31 oct

De El Periodico

http://estaticos.elperiodico.com/resources/jpg/8/2/1320021888828.jpg

Ferreres 29/10/2011

 
 

Tasa de Retorno Energética y progreso tecnológico

25 oct
The Old Mine Mule, por Richard Grist
Queridos lectores,

Como saben, uno de los conceptos clave para comprender la gravedad de la crisis energética es el de la Tasa de Retorno Energético (TRE; en inglés EROEI, que corresponde a Energy Return on Energy Investmen). La TRE, lo hemos dicho muchas veces, es la relación entre la energía que nos proporciona una fuente y la energía que tenemos que gastar para conseguirla. Así, el petróleo convencional tiene hoy en día una TRE de 20, lo que significa que por cada unidad de energía destinada a la producción de petróleo (en la elaboración de los materiales usados en los pozos, su instalación, la perforación, la operación, el mantenimiento, etc) se consiguen otras 20 unidades de energía. Para corregir algunos errores que he visto comúnmente entre los comentaristas, quiero recalcar que la TRE es un cociente, no una diferencia: es el factor de amplificación correspondiente a la fuente de energía en estudio. El valor crítico de la TRE es 1: cuando la TRE llega a la unidad, se recupera tanta energía como la que se invierte y el sistema deja de tener sentido como fuente de energía. Sin embargo, determinados sistemas de producción que se usan tienen TREs por debajo de 1; se trata entonces de vectores especializados de energía o portadores, pero no de fuentes de energía. Éste sería el caso del hidrógeno o la electricidad, que se usan para el almacenamiento o la operación de determinados aparatos, pero que en su producción se consume más energía que la que luego retornarán (por ejemplo, en la generación eléctrica a partir de centrales térmicas o nucleares se pierde el 65% de la energía, y en la producción de hidrógeno por la electrólisis del agua alrededor del 50%). Por otra parte, la TRE, por definición, es siempre positiva (no hablen de TREs negativas, que eso no significa nada).


Charles Hall es un profesor de la Universidad de Syracuse, en Nueva York, y es una eminencia mundial en el cálculo de TREs. Es muy famoso el siguiente diagrama hecho por él, en el que se expresan TREs en la vertical y volumen de energía generado en la horizontal, para las diversas fuentes de energía operadas en los EE.UU.:



Gráfica sacada de un interesante artículo en Scitizen: http://scitizen.com/future-energies/charlie-hall-s-balloon-graph_a-14-1305.html

Como ven, en el caso del petróleo (el más estudiado) la TRE ha caído de 100 a principios del siglo XX a poco menos de 20 en la actualidad. Este proceso constatado de caída de la TRE está relacionada con la degradación de calidad de los yacimientos explotados, que a pesar de las sucesivas mejoras en las técnicas de explotación acaba pesando más y obliga a gastar más energía por unidad producida. El problema de la caída de la TRE es muy grave, porque puede abocarnos a una situación más complicada de lo que la mera observación de la curva de producción nos podría indicar (como ya analizamos en un post anterior). Se ha de destacar además que algunos estudios antropológicos indican que una sociedad funcional ha de tener una TRE mínima, cifrada entre 5 y 10, por debajo de la cual algunas necesidades (cuidado de niños y mayores, construcción y mantenimiento de infraestructuras, etc) dejan de poder atenderse porque una fracción cada vez mayor del esfuerzo se dedica a la mera producción de energía. Si la sociedad se va adaptando mal a los cambios que le comporta la disminución de la TRE y se empeña en mantener actividades que no pueden sufragarse el riesgo de colapso es elevado. Sin embargo, la cuestión de la TRE es raramente analizada por los autodenominados expertos institucionales, que suelen despreciarla cuando no la ignoran en absoluto.


Hay, sin embargo, otro grupo de expertos que sí que reconocen la importancia de la TRE pero que tienen una actitud tecnooptimista y suelen argumentar que los que alertamos sobre el rápido declive de la energía neta tenemos un punto de vista excesivamente pesimista ya que tendemos a considerar la TRE como algo estático mientras que en realidad la TRE evoluciona con el tiempo y con la introducción de mejoras tecnológicas se gana en eficiencia y por tanto la TRE sube, o puede subir en el momento en que estas mejoras se implementen a escala masiva. Durante mucho tiempo mi posición ha sido la de no negar ese posible efecto benéfico pero centrarme en lo que observábamos, y sobre todo alertar sobre los peligros potenciales. Pero con el tiempo he ido madurando mis ideas al respecto, y la conversación con Pedro Prieto y Juan Carlos Barba del otro día me ha llevado a poner en claro mis ideas, y después de reflexionar sobre ello mi conclusión es la absolutamente contraria. A exponer mis conclusiones dedicaré el post de hoy.

La posibilidad de que la tecnología lleve a una mejora de la TRE es, a mi modo de ver, una hipótesis errónea en la tesitura que nos encontramos por dos motivos, a saber: el déficit de capacidad de desarrollo tecnológico y que nuestra tecnología no ha buscado nunca optimizar la TRE.

Respecto a mi primer argumento,  tendemos a suponer que el progreso tecnológico seguirá el mismo rápido desarrollo de los tiempos recientes, que son los que nos han tocado vivir. Y aunque por supuesto que no conocemos todo el potencial de desarrollo de la tecnología futura, lo que sí que es cierto es que la explosión inventiva ha sido propiciada por el acceso a la energía abundante y barata, y a un derivado de ella, la buena financiación. Sin embargo, en este momento laboratorios de todo el mundo, desde EE.UU. hasta China pasando por Europa están reduciendo sus presupuestos debido a la necesidad, sobre todo en Occidente, de destinar capital a otras necesidades más perentorias; y no deja de ser paradójico que se nos pida a los científicos que acometamos los retos más difíciles cuando al tiempo se nos están retirando los recursos para investigar (conste que no me quejo: seguramente el tiempo de investigar alternativas energéticas a gran escala ya pasó y es tiempo de hacer inventario). Pero por ello mismo mi impresión es que los avances tecnológicos, los verdaderos (no la publicitación obsesiva que se hace en los medios de la penúltima nadería) van a ser más difíciles de conseguir en adelante, en parte porque es difícil avanzar cuando ya hemos progresado mucho y en parte por la escasez de recursos.

Respecto al segundo, y más poderoso, de mis argumentos, mi observación es que nuestras tecnologías de extracción de materias primas no renovables no han buscado nunca en realidad la optimización de la TRE, y que el tipo de tecnologías que hemos desarrollado no sólo no nos dará pistas de como mejorarla, sino que nos ha alejado de ese objetivo. Pensémoslo un segundo. ¿Qué es lo que se ha pretendido con la explotación de los materias primas energéticas? ¿Aumentar la TRE? No. Lo que se ha pretendido es aumentar la producción, es decir, la cantidad de energía neta producida por unidad de tiempo. El problema es que nuestro sistema económico, como ya hemos discutido, necesita crecimiento sin fin, y encima a un ritmo muy rápido. Con la gran potencia mecánica que nos han proporcionado los combustibles fósiles hemos tendido a hacer las cosas de manera más masiva y brutal, aún a costa de sacrificar la eficiencia relativa. Es decir, nuestros medios de extracción han tendido a desperdiciar una mayor fracción de energía, primando la rapidez con la que se extrae el recurso sobre la eficacia en su extracción; si el volumen total de energía producida crecía suficientemente rápido el perder una fracción mayor en producirla, es decir, reducir la TRE, no tiene ninguna importancia. Hasta que se llega al cenit de producción del recurso, claro está.


Veamos ahora algunos ejemplos de cómo se ha optado más por la fuerza bruta que por la mejora de la eficiencia en la extracción. En EE.UU. y en otros países existe una fuerte campaña en contra de la extracción mineral, particularmente de carbón, por desmontado de montañas (top removal). Como indica su nombre, esta técnica se base en el despiece de una montaña desde su cima, a base de dinamita y excavadora. El énfasis, como ya hemos dicho, se ponen en mantener un elevado nivel de producción, aunque es evidente que machacarlo todo, con gran consumo de energía, no es la manera más eficiente de extraer carbón. Aparte de la baja TRE, este tipo de explotación trae consigo una serie de externalidades bastante adversas (degradación del suelo y del hábitat, contaminación, etc). Para que se hagan una idea vean la siguiente imagen:

La extracción del gas no convencional es otro ejemplo de baja eficiencia extractiva, a pesar de ser lo más puntero en la industria hoy en día y que ha permitido dar alas a la industria creando una burbuja que está a punto de explotar con grave daño económico (léanse el post “¿Un mar de gas natural?“, sobre todo los que creen en una nueva supremacía gasística en Argentina y ahora en España). Mediante la técnica conocida como fractura hidráulica (hydrofrac) se inyecta agua a presión para fracturar las láminas de pizarra en el subsuelo y así liberar las burbujitas de metano contenidas y extraer el gas. En el proceso se arruina el recurso (la pizarra una vez fracturada ya no se puede aprovechar, ni siquiera para extraer más gas), se contamina el acuífero y, en casos extremos, se produce ligera sismicidad por el deslizamiento de las placas de pizarra (como ha pasado en las recientes prospecciones en Blackpool, en el Reino Unido). De nuevo, es un método de fuerza bruta que obtiene su rendimiento de “tirar sobre todo lo que se mueve”.

Pero ahora nos encontramos en una encrucijada histórica. Las fuentes no renovables de energía, a pesar de los progresos hechos en su extracción, tienen producciones declinantes o a punto de declinar (recordemos: petróleo convencional desde 2005 y todos los líquidos a punto de declinar, si no lo está haciendo ya; gas a partir de 2025, antes incluso a escala regional; carbón posiblemente a partir de este año; y uranio en algún momento entre 2015 y 2035, aunque los estudios más recientes apuntan más hacia la parte baja de esa horquilla). Y el tipo de tecnología que hemos desarrollado para la explotación de los recursos no nos permite aumentar la TRE si no es a costa de disminuir la producción total. Es decir, que hagámoslo como lo hagamos la energía neta tiende a disminuir. Necesitaríamos ser capaces de desarrollar sistemas inteligentes capaces de arrancar los filones dispersos de una mina y seleccionar prácticamente grano a grano lo que es aprovechable y lo que no. Lo malo es que no tenemos esa capacidad tecnológica; los sistemas de reconocimiento de patrones en imagen más avanzados no permiten ni de lejos hacer esas tareas tan especializadas a gran velocidad y en entornos ruidosos y sucios como son las minas. Así que no parece que podamos mejorar la cantidad de energía neta yendo hacia adelante en el progreso tecnológico. Pero, ¿qué pasa si vamos hacia atrás? Fíjese el lector en qué necesitamos: un sistema inteligente, capaz de optimizar el consumo de energía siendo selectivo, adaptable a todo tipo de entornos… De hecho, ya tenemos ese sistema. Se llama ser humano.

No se escandalice el lector, porque ese retorno a los sistemas de explotación de minas del pasado hace tiempo que se está dando, y para mayor agravamiento con un considerable deterioro de las condiciones de vida de los mineros (puesto que la toma de medidas de seguridad también cuesta energía, lo cual se traduce en dinero, que es lo que el propietario de la mina mira). Y no estoy hablando de lugares remotos donde todos hemos oído que pasan todo tipo atrocidades (por ejemplo, las minas de coltan, oro y diamantes en Zaire). Pasaba por ejemplo en mi León natal hace ya casi dos décadas, cuando la cuenca minera se llenó de caboverdianos que venían a trabajar, en condiciones no siempre óptimas, en las minas de carbón; allí, las grandes explotaciones de otrora dieron paso con los años a pequeñas explotaciones casi familiares que explotaban filones marginales, arrancando el negro carbón casi con los dientes por sueldos que desde luego no eran los de otras épocas. Y estoy seguro que si los lectores tienen familia o amigos que trabajan o han trabajado en las minas de las diversas materias primas podrá constatar que en la mayoría de las regiones de este ancho planeta -casi todas salvo las que tienen la suerte de contar aún con filones ricos- las condiciones de vida en la mina, nunca muy gratas, se han ido degradando.



Con el uso masivo de seres humanos en las minas se puede mejorar sensiblemente la TRE manteniendo un nivel relativamente elevado de producción. Sin embargo, en muchos casos a pesar de la introducción de muchos humanos no se puede conseguir mantener la producción total al mismo nivel, y entonces el recurso para mantener la producción de energía neta es aumentar la TRE a base de disminuir el consumo energético de cada unidad humana. Es decir, reducir a los mineros a condiciones de práctica esclavitud.


Este problema, el de la explotación de seres humanos para mejorar la TRE de nuestras fuentes de energía, no afecta exclusivamente a las fuentes de energía no renovable. Nuestros sistemas de producción de energía renovable más avanzados requieren de materiales raros y exóticos – neodimio en el caso de los aerogeneradores de más altas prestaciones, telurio en el caso de las células fotovoltaicas más avanzadas – cuya explotación es de naturaleza no económica, como ya discutimos en su día en el post  “La guerra de las tierras raras“. Allá explicábamos que en este momento China ha llegado a controlar más del 97% de la producción y refinado de esas materias primas, elementos químicos mayoritariamente de número atómico elevado y que se encuentran en el planeta Tierra en forma dispersa y sólo pueden ser explotados como subproducto de la extracción de otro mineral principal, como el hierro o el aluminio. Aún así, estas tierras raras no resultan económicas con nuestras técnicas industriales occidentales, ya que con nuestros métodos de explotación serían excesivamente caras. ¿Por qué China ha conseguido producir ese 97% de tierras raras? Porque utiliza otros medios de explotación menos occidentales en su propio país y en las minas que explota en otros lugares, principalmente en África aunque también tiene algunas explotaciones importantes en Sudamérica y próximamente incluso en Canadá y los EE.UU. De las quejas de algunos mineros chilenos sabemos que los métodos chinos no se distinguen precisamente por su buen trato hacia sus trabajadores; pero es que la única manera de que tengan precios competitivos su aerogenerador, su placa fotovoltaica de última generación, su Toyota Prius tan poco contaminente, su iPhone, su iPad, etc es que algunas decenas de miles de personas sean esclavizadas y arriesguen su salud.


El problema de la tendencia a la esclavitud y sacrificio de seres humanos no es, por supuesto, privativo de las fuentes de energía que he mencionado, sino de todas ellas explotadas en un marco de sociedad industrial orientada al consumo masivo. Pondré un par de ejemplos más: hace años, cuando se construían los primeros pantanos que hubo en España se utilizaba una mano de obra masiva, en ocasiones forzados “prisioneros de guerra”, muchos de los cuales no volvieron nunca a casa (o a la prisión) por los frecuentes accidentes. En el caso de la energía nuclear, al principio del accidente de Fukushima acaecido en Japón en Marzo de este año se llamó a trabajadores de cierta edad, ya retirados, para trabajar en las primeras y más críticas horas, en un movimiento que recordó a los infortunados “liquidadores” de Chernóbil. En suma, cuando se atascan los engranajes del gigantismo de la sociedad industrial la grasa que los lubrica para ponerlos de nuevo en marcha está hecha de seres humanos machacados.


¿Pasará algo así en Occidente? Yo estoy persuadido de que sí, sobre todo después de ver lo que pasa con las minas de carbón en mi provincia natal. Cuando el hambre o la necesidad aprietan uno se ve obligado a hacer lo que sea. La cuestión al final es que podremos ganar TRE, sí, pero a qué precio: al precio de que cada vez menos personas se puedan beneficiar del acceso a la energía abundante y de calidad. Y entonces cabría preguntarse si este “progreso” merecía la pena.

Salu2,
AMT

 

Tasa de Retorno Energética y progreso tecnológico

25 oct
The Old Mine Mule, por Richard Grist
Queridos lectores,

Como saben, uno de los conceptos clave para comprender la gravedad de la crisis energética es el de la Tasa de Retorno Energético (TRE; en inglés EROEI, que corresponde a Energy Return on Energy Investmen). La TRE, lo hemos dicho muchas veces, es la relación entre la energía que nos proporciona una fuente y la energía que tenemos que gastar para conseguirla. Así, el petróleo convencional tiene hoy en día una TRE de 20, lo que significa que por cada unidad de energía destinada a la producción de petróleo (en la elaboración de los materiales usados en los pozos, su instalación, la perforación, la operación, el mantenimiento, etc) se consiguen otras 20 unidades de energía. Para corregir algunos errores que he visto comúnmente entre los comentaristas, quiero recalcar que la TRE es un cociente, no una diferencia: es el factor de amplificación correspondiente a la fuente de energía en estudio. El valor crítico de la TRE es 1: cuando la TRE llega a la unidad, se recupera tanta energía como la que se invierte y el sistema deja de tener sentido como fuente de energía. Sin embargo, determinados sistemas de producción que se usan tienen TREs por debajo de 1; se trata entonces de vectores especializados de energía o portadores, pero no de fuentes de energía. Éste sería el caso del hidrógeno o la electricidad, que se usan para el almacenamiento o la operación de determinados aparatos, pero que en su producción se consume más energía que la que luego retornarán (por ejemplo, en la generación eléctrica a partir de centrales térmicas o nucleares se pierde el 65% de la energía, y en la producción de hidrógeno por la electrólisis del agua alrededor del 50%). Por otra parte, la TRE, por definición, es siempre positiva (no hablen de TREs negativas, que eso no significa nada).


Charles Hall es un profesor de la Universidad de Syracuse, en Nueva York, y es una eminencia mundial en el cálculo de TREs. Es muy famoso el siguiente diagrama hecho por él, en el que se expresan TREs en la vertical y volumen de energía generado en la horizontal, para las diversas fuentes de energía operadas en los EE.UU.:



Gráfica sacada de un interesante artículo en Scitizen: http://scitizen.com/future-energies/charlie-hall-s-balloon-graph_a-14-1305.html

Como ven, en el caso del petróleo (el más estudiado) la TRE ha caído de 100 a principios del siglo XX a poco menos de 20 en la actualidad. Este proceso constatado de caída de la TRE está relacionada con la degradación de calidad de los yacimientos explotados, que a pesar de las sucesivas mejoras en las técnicas de explotación acaba pesando más y obliga a gastar más energía por unidad producida. El problema de la caída de la TRE es muy grave, porque puede abocarnos a una situación más complicada de lo que la mera observación de la curva de producción nos podría indicar (como ya analizamos en un post anterior). Se ha de destacar además que algunos estudios antropológicos indican que una sociedad funcional ha de tener una TRE mínima, cifrada entre 5 y 10, por debajo de la cual algunas necesidades (cuidado de niños y mayores, construcción y mantenimiento de infraestructuras, etc) dejan de poder atenderse porque una fracción cada vez mayor del esfuerzo se dedica a la mera producción de energía. Si la sociedad se va adaptando mal a los cambios que le comporta la disminución de la TRE y se empeña en mantener actividades que no pueden sufragarse el riesgo de colapso es elevado. Sin embargo, la cuestión de la TRE es raramente analizada por los autodenominados expertos institucionales, que suelen despreciarla cuando no la ignoran en absoluto.


Hay, sin embargo, otro grupo de expertos que sí que reconocen la importancia de la TRE pero que tienen una actitud tecnooptimista y suelen argumentar que los que alertamos sobre el rápido declive de la energía neta tenemos un punto de vista excesivamente pesimista ya que tendemos a considerar la TRE como algo estático mientras que en realidad la TRE evoluciona con el tiempo y con la introducción de mejoras tecnológicas se gana en eficiencia y por tanto la TRE sube, o puede subir en el momento en que estas mejoras se implementen a escala masiva. Durante mucho tiempo mi posición ha sido la de no negar ese posible efecto benéfico pero centrarme en lo que observábamos, y sobre todo alertar sobre los peligros potenciales. Pero con el tiempo he ido madurando mis ideas al respecto, y la conversación con Pedro Prieto y Juan Carlos Barba del otro día me ha llevado a poner en claro mis ideas, y después de reflexionar sobre ello mi conclusión es la absolutamente contraria. A exponer mis conclusiones dedicaré el post de hoy.

La posibilidad de que la tecnología lleve a una mejora de la TRE es, a mi modo de ver, una hipótesis errónea en la tesitura que nos encontramos por dos motivos, a saber: el déficit de capacidad de desarrollo tecnológico y que nuestra tecnología no ha buscado nunca optimizar la TRE.

Respecto a mi primer argumento,  tendemos a suponer que el progreso tecnológico seguirá el mismo rápido desarrollo de los tiempos recientes, que son los que nos han tocado vivir. Y aunque por supuesto que no conocemos todo el potencial de desarrollo de la tecnología futura, lo que sí que es cierto es que la explosión inventiva ha sido propiciada por el acceso a la energía abundante y barata, y a un derivado de ella, la buena financiación. Sin embargo, en este momento laboratorios de todo el mundo, desde EE.UU. hasta China pasando por Europa están reduciendo sus presupuestos debido a la necesidad, sobre todo en Occidente, de destinar capital a otras necesidades más perentorias; y no deja de ser paradójico que se nos pida a los científicos que acometamos los retos más difíciles cuando al tiempo se nos están retirando los recursos para investigar (conste que no me quejo: seguramente el tiempo de investigar alternativas energéticas a gran escala ya pasó y es tiempo de hacer inventario). Pero por ello mismo mi impresión es que los avances tecnológicos, los verdaderos (no la publicitación obsesiva que se hace en los medios de la penúltima nadería) van a ser más difíciles de conseguir en adelante, en parte porque es difícil avanzar cuando ya hemos progresado mucho y en parte por la escasez de recursos.

Respecto al segundo, y más poderoso, de mis argumentos, mi observación es que nuestras tecnologías de extracción de materias primas no renovables no han buscado nunca en realidad la optimización de la TRE, y que el tipo de tecnologías que hemos desarrollado no sólo no nos dará pistas de como mejorarla, sino que nos ha alejado de ese objetivo. Pensémoslo un segundo. ¿Qué es lo que se ha pretendido con la explotación de los materias primas energéticas? ¿Aumentar la TRE? No. Lo que se ha pretendido es aumentar la producción, es decir, la cantidad de energía neta producida por unidad de tiempo. El problema es que nuestro sistema económico, como ya hemos discutido, necesita crecimiento sin fin, y encima a un ritmo muy rápido. Con la gran potencia mecánica que nos han proporcionado los combustibles fósiles hemos tendido a hacer las cosas de manera más masiva y brutal, aún a costa de sacrificar la eficiencia relativa. Es decir, nuestros medios de extracción han tendido a desperdiciar una mayor fracción de energía, primando la rapidez con la que se extrae el recurso sobre la eficacia en su extracción; si el volumen total de energía producida crecía suficientemente rápido el perder una fracción mayor en producirla, es decir, reducir la TRE, no tiene ninguna importancia. Hasta que se llega al cenit de producción del recurso, claro está.


Veamos ahora algunos ejemplos de cómo se ha optado más por la fuerza bruta que por la mejora de la eficiencia en la extracción. En EE.UU. y en otros países existe una fuerte campaña en contra de la extracción mineral, particularmente de carbón, por desmontado de montañas (top removal). Como indica su nombre, esta técnica se base en el despiece de una montaña desde su cima, a base de dinamita y excavadora. El énfasis, como ya hemos dicho, se ponen en mantener un elevado nivel de producción, aunque es evidente que machacarlo todo, con gran consumo de energía, no es la manera más eficiente de extraer carbón. Aparte de la baja TRE, este tipo de explotación trae consigo una serie de externalidades bastante adversas (degradación del suelo y del hábitat, contaminación, etc). Para que se hagan una idea vean la siguiente imagen:

La extracción del gas no convencional es otro ejemplo de baja eficiencia extractiva, a pesar de ser lo más puntero en la industria hoy en día y que ha permitido dar alas a la industria creando una burbuja que está a punto de explotar con grave daño económico (léanse el post “¿Un mar de gas natural?“, sobre todo los que creen en una nueva supremacía gasística en Argentina y ahora en España). Mediante la técnica conocida como fractura hidráulica (hydrofrac) se inyecta agua a presión para fracturar las láminas de pizarra en el subsuelo y así liberar las burbujitas de metano contenidas y extraer el gas. En el proceso se arruina el recurso (la pizarra una vez fracturada ya no se puede aprovechar, ni siquiera para extraer más gas), se contamina el acuífero y, en casos extremos, se produce ligera sismicidad por el deslizamiento de las placas de pizarra (como ha pasado en las recientes prospecciones en Blackpool, en el Reino Unido). De nuevo, es un método de fuerza bruta que obtiene su rendimiento de “tirar sobre todo lo que se mueve”.

Pero ahora nos encontramos en una encrucijada histórica. Las fuentes no renovables de energía, a pesar de los progresos hechos en su extracción, tienen producciones declinantes o a punto de declinar (recordemos: petróleo convencional desde 2005 y todos los líquidos a punto de declinar, si no lo está haciendo ya; gas a partir de 2025, antes incluso a escala regional; carbón posiblemente a partir de este año; y uranio en algún momento entre 2015 y 2035, aunque los estudios más recientes apuntan más hacia la parte baja de esa horquilla). Y el tipo de tecnología que hemos desarrollado para la explotación de los recursos no nos permite aumentar la TRE si no es a costa de disminuir la producción total. Es decir, que hagámoslo como lo hagamos la energía neta tiende a disminuir. Necesitaríamos ser capaces de desarrollar sistemas inteligentes capaces de arrancar los filones dispersos de una mina y seleccionar prácticamente grano a grano lo que es aprovechable y lo que no. Lo malo es que no tenemos esa capacidad tecnológica; los sistemas de reconocimiento de patrones en imagen más avanzados no permiten ni de lejos hacer esas tareas tan especializadas a gran velocidad y en entornos ruidosos y sucios como son las minas. Así que no parece que podamos mejorar la cantidad de energía neta yendo hacia adelante en el progreso tecnológico. Pero, ¿qué pasa si vamos hacia atrás? Fíjese el lector en qué necesitamos: un sistema inteligente, capaz de optimizar el consumo de energía siendo selectivo, adaptable a todo tipo de entornos… De hecho, ya tenemos ese sistema. Se llama ser humano.

No se escandalice el lector, porque ese retorno a los sistemas de explotación de minas del pasado hace tiempo que se está dando, y para mayor agravamiento con un considerable deterioro de las condiciones de vida de los mineros (puesto que la toma de medidas de seguridad también cuesta energía, lo cual se traduce en dinero, que es lo que el propietario de la mina mira). Y no estoy hablando de lugares remotos donde todos hemos oído que pasan todo tipo atrocidades (por ejemplo, las minas de coltan, oro y diamantes en Zaire). Pasaba por ejemplo en mi León natal hace ya casi dos décadas, cuando la cuenca minera se llenó de caboverdianos que venían a trabajar, en condiciones no siempre óptimas, en las minas de carbón; allí, las grandes explotaciones de otrora dieron paso con los años a pequeñas explotaciones casi familiares que explotaban filones marginales, arrancando el negro carbón casi con los dientes por sueldos que desde luego no eran los de otras épocas. Y estoy seguro que si los lectores tienen familia o amigos que trabajan o han trabajado en las minas de las diversas materias primas podrá constatar que en la mayoría de las regiones de este ancho planeta -casi todas salvo las que tienen la suerte de contar aún con filones ricos- las condiciones de vida en la mina, nunca muy gratas, se han ido degradando.



Con el uso masivo de seres humanos en las minas se puede mejorar sensiblemente la TRE manteniendo un nivel relativamente elevado de producción. Sin embargo, en muchos casos a pesar de la introducción de muchos humanos no se puede conseguir mantener la producción total al mismo nivel, y entonces el recurso para mantener la producción de energía neta es aumentar la TRE a base de disminuir el consumo energético de cada unidad humana. Es decir, reducir a los mineros a condiciones de práctica esclavitud.


Este problema, el de la explotación de seres humanos para mejorar la TRE de nuestras fuentes de energía, no afecta exclusivamente a las fuentes de energía no renovable. Nuestros sistemas de producción de energía renovable más avanzados requieren de materiales raros y exóticos – neodimio en el caso de los aerogeneradores de más altas prestaciones, telurio en el caso de las células fotovoltaicas más avanzadas – cuya explotación es de naturaleza no económica, como ya discutimos en su día en el post  “La guerra de las tierras raras“. Allá explicábamos que en este momento China ha llegado a controlar más del 97% de la producción y refinado de esas materias primas, elementos químicos mayoritariamente de número atómico elevado y que se encuentran en el planeta Tierra en forma dispersa y sólo pueden ser explotados como subproducto de la extracción de otro mineral principal, como el hierro o el aluminio. Aún así, estas tierras raras no resultan económicas con nuestras técnicas industriales occidentales, ya que con nuestros métodos de explotación serían excesivamente caras. ¿Por qué China ha conseguido producir ese 97% de tierras raras? Porque utiliza otros medios de explotación menos occidentales en su propio país y en las minas que explota en otros lugares, principalmente en África aunque también tiene algunas explotaciones importantes en Sudamérica y próximamente incluso en Canadá y los EE.UU. De las quejas de algunos mineros chilenos sabemos que los métodos chinos no se distinguen precisamente por su buen trato hacia sus trabajadores; pero es que la única manera de que tengan precios competitivos su aerogenerador, su placa fotovoltaica de última generación, su Toyota Prius tan poco contaminente, su iPhone, su iPad, etc es que algunas decenas de miles de personas sean esclavizadas y arriesguen su salud.


El problema de la tendencia a la esclavitud y sacrificio de seres humanos no es, por supuesto, privativo de las fuentes de energía que he mencionado, sino de todas ellas explotadas en un marco de sociedad industrial orientada al consumo masivo. Pondré un par de ejemplos más: hace años, cuando se construían los primeros pantanos que hubo en España se utilizaba una mano de obra masiva, en ocasiones forzados “prisioneros de guerra”, muchos de los cuales no volvieron nunca a casa (o a la prisión) por los frecuentes accidentes. En el caso de la energía nuclear, al principio del accidente de Fukushima acaecido en Japón en Marzo de este año se llamó a trabajadores de cierta edad, ya retirados, para trabajar en las primeras y más críticas horas, en un movimiento que recordó a los infortunados “liquidadores” de Chernóbil. En suma, cuando se atascan los engranajes del gigantismo de la sociedad industrial la grasa que los lubrica para ponerlos de nuevo en marcha está hecha de seres humanos machacados.


¿Pasará algo así en Occidente? Yo estoy persuadido de que sí, sobre todo después de ver lo que pasa con las minas de carbón en mi provincia natal. Cuando el hambre o la necesidad aprietan uno se ve obligado a hacer lo que sea. La cuestión al final es que podremos ganar TRE, sí, pero a qué precio: al precio de que cada vez menos personas se puedan beneficiar del acceso a la energía abundante y de calidad. Y entonces cabría preguntarse si este “progreso” merecía la pena.

Salu2,
AMT

 

Tasa de Retorno Energética y progreso tecnológico

25 oct
The Old Mine Mule, por Richard Grist
Queridos lectores,

Como saben, uno de los conceptos clave para comprender la gravedad de la crisis energética es el de la Tasa de Retorno Energético (TRE; en inglés EROEI, que corresponde a Energy Return on Energy Investmen). La TRE, lo hemos dicho muchas veces, es la relación entre la energía que nos proporciona una fuente y la energía que tenemos que gastar para conseguirla. Así, el petróleo convencional tiene hoy en día una TRE de 20, lo que significa que por cada unidad de energía destinada a la producción de petróleo (en la elaboración de los materiales usados en los pozos, su instalación, la perforación, la operación, el mantenimiento, etc) se consiguen otras 20 unidades de energía. Para corregir algunos errores que he visto comúnmente entre los comentaristas, quiero recalcar que la TRE es un cociente, no una diferencia: es el factor de amplificación correspondiente a la fuente de energía en estudio. El valor crítico de la TRE es 1: cuando la TRE llega a la unidad, se recupera tanta energía como la que se invierte y el sistema deja de tener sentido como fuente de energía. Sin embargo, determinados sistemas de producción que se usan tienen TREs por debajo de 1; se trata entonces de vectores especializados de energía o portadores, pero no de fuentes de energía. Éste sería el caso del hidrógeno o la electricidad, que se usan para el almacenamiento o la operación de determinados aparatos, pero que en su producción se consume más energía que la que luego retornarán (por ejemplo, en la generación eléctrica a partir de centrales térmicas o nucleares se pierde el 65% de la energía, y en la producción de hidrógeno por la electrólisis del agua alrededor del 50%). Por otra parte, la TRE, por definición, es siempre positiva (no hablen de TREs negativas, que eso no significa nada).


Charles Hall es un profesor de la Universidad de Syracuse, en Nueva York, y es una eminencia mundial en el cálculo de TREs. Es muy famoso el siguiente diagrama hecho por él, en el que se expresan TREs en la vertical y volumen de energía generado en la horizontal, para las diversas fuentes de energía operadas en los EE.UU.:



Gráfica sacada de un interesante artículo en Scitizen: http://scitizen.com/future-energies/charlie-hall-s-balloon-graph_a-14-1305.html
Como ven, en el caso del petróleo (el más estudiado) la TRE ha caído de 100 a principios del siglo XX a poco menos de 20 en la actualidad. Este proceso constatado de caída de la TRE está relacionada con la degradación de calidad de los yacimientos explotados, que a pesar de las sucesivas mejoras en las técnicas de explotación acaba pesando más y obliga a gastar más energía por unidad producida. El problema de la caída de la TRE es muy grave, porque puede abocarnos a una situación más complicada de lo que la mera observación de la curva de producción nos podría indicar (como ya analizamos en un post anterior). Se ha de destacar además que algunos estudios antropológicos indican que una sociedad funcional ha de tener una TRE mínima, cifrada entre 5 y 10, por debajo de la cual algunas necesidades (cuidado de niños y mayores, construcción y mantenimiento de infraestructuras, etc) dejan de poder atenderse porque una fracción cada vez mayor del esfuerzo se dedica a la mera producción de energía. Si la sociedad se va adaptando mal a los cambios que le comporta la disminución de la TRE y se empeña en mantener actividades que no pueden sufragarse el riesgo de colapso es elevado. Sin embargo, la cuestión de la TRE es raramente analizada por los autodenominados expertos institucionales, que suelen despreciarla cuando no la ignoran en absoluto.


Hay, sin embargo, otro grupo de expertos que sí que reconocen la importancia de la TRE pero que tienen una actitud tecnooptimista y suelen argumentar que los que alertamos sobre el rápido declive de la energía neta tenemos un punto de vista excesivamente pesimista ya que tendemos a considerar la TRE como algo estático mientras que en realidad la TRE evoluciona con el tiempo y con la introducción de mejoras tecnológicas se gana en eficiencia y por tanto la TRE sube, o puede subir en el momento en que estas mejoras se implementen a escala masiva. Durante mucho tiempo mi posición ha sido la de no negar ese posible efecto benéfico pero centrarme en lo que observábamos, y sobre todo alertar sobre los peligros potenciales. Pero con el tiempo he ido madurando mis ideas al respecto, y la conversación con Pedro Prieto y Juan Carlos Barba del otro día me ha llevado a poner en claro mis ideas, y después de reflexionar sobre ello mi conclusión es la absolutamente contraria. A exponer mis conclusiones dedicaré el post de hoy.

La posibilidad de que la tecnología lleve a una mejora de la TRE es, a mi modo de ver, una hipótesis errónea en la tesitura que nos encontramos por dos motivos, a saber: el déficit de capacidad de desarrollo tecnológico y que nuestra tecnología no ha buscado nunca optimizar la TRE.

Respecto a mi primer argumento,  tendemos a suponer que el progreso tecnológico seguirá el mismo rápido desarrollo de los tiempos recientes, que son los que nos han tocado vivir. Y aunque por supuesto que no conocemos todo el potencial de desarrollo de la tecnología futura, lo que sí que es cierto es que la explosión inventiva ha sido propiciada por el acceso a la energía abundante y barata, y a un derivado de ella, la buena financiación. Sin embargo, en este momento laboratorios de todo el mundo, desde EE.UU. hasta China pasando por Europa están reduciendo sus presupuestos debido a la necesidad, sobre todo en Occidente, de destinar capital a otras necesidades más perentorias; y no deja de ser paradójico que se nos pida a los científicos que acometamos los retos más difíciles cuando al tiempo se nos están retirando los recursos para investigar (conste que no me quejo: seguramente el tiempo de investigar alternativas energéticas a gran escala ya pasó y es tiempo de hacer inventario). Pero por ello mismo mi impresión es que los avances tecnológicos, los verdaderos (no la publicitación obsesiva que se hace en los medios de la penúltima nadería) van a ser más difíciles de conseguir en adelante, en parte porque es difícil avanzar cuando ya hemos progresado mucho y en parte por la escasez de recursos.

Respecto al segundo, y más poderoso, de mis argumentos, mi observación es que nuestras tecnologías de extracción de materias primas no renovables no han buscado nunca en realidad la optimización de la TRE, y que el tipo de tecnologías que hemos desarrollado no sólo no nos dará pistas de como mejorarla, sino que nos ha alejado de ese objetivo. Pensémoslo un segundo. ¿Qué es lo que se ha pretendido con la explotación de los materias primas energéticas? ¿Aumentar la TRE? No. Lo que se ha pretendido es aumentar la producción, es decir, la cantidad de energía neta producida por unidad de tiempo. El problema es que nuestro sistema económico, como ya hemos discutido, necesita crecimiento sin fin, y encima a un ritmo muy rápido. Con la gran potencia mecánica que nos han proporcionado los combustibles fósiles hemos tendido a hacer las cosas de manera más masiva y brutal, aún a costa de sacrificar la eficiencia relativa. Es decir, nuestros medios de extracción han tendido a desperdiciar una mayor fracción de energía, primando la rapidez con la que se extrae el recurso sobre la eficacia en su extracción; si el volumen total de energía producida crecía suficientemente rápido el perder una fracción mayor en producirla, es decir, reducir la TRE, no tiene ninguna importancia. Hasta que se llega al cenit de producción del recurso, claro está.


Veamos ahora algunos ejemplos de cómo se ha optado más por la fuerza bruta que por la mejora de la eficiencia en la extracción. En EE.UU. y en otros países existe una fuerte campaña en contra de la extracción mineral, particularmente de carbón, por desmontado de montañas (top removal). Como indica su nombre, esta técnica se base en el despiece de una montaña desde su cima, a base de dinamita y excavadora. El énfasis, como ya hemos dicho, se ponen en mantener un elevado nivel de producción, aunque es evidente que machacarlo todo, con gran consumo de energía, no es la manera más eficiente de extraer carbón. Aparte de la baja TRE, este tipo de explotación trae consigo una serie de externalidades bastante adversas (degradación del suelo y del hábitat, contaminación, etc). Para que se hagan una idea vean la siguiente imagen:

La extracción del gas no convencional es otro ejemplo de baja eficiencia extractiva, a pesar de ser lo más puntero en la industria hoy en día y que ha permitido dar alas a la industria creando una burbuja que está a punto de explotar con grave daño económico (léanse el post “¿Un mar de gas natural?“, sobre todo los que creen en una nueva supremacía gasística en Argentina y ahora en España). Mediante la técnica conocida como fractura hidráulica (hydrofrac) se inyecta agua a presión para fracturar las láminas de pizarra en el subsuelo y así liberar las burbujitas de metano contenidas y extraer el gas. En el proceso se arruina el recurso (la pizarra una vez fracturada ya no se puede aprovechar, ni siquiera para extraer más gas), se contamina el acuífero y, en casos extremos, se produce ligera sismicidad por el deslizamiento de las placas de pizarra (como ha pasado en las recientes prospecciones en Blackpool, en el Reino Unido). De nuevo, es un método de fuerza bruta que obtiene su rendimiento de “tirar sobre todo lo que se mueve”.

Pero ahora nos encontramos en una encrucijada histórica. Las fuentes no renovables de energía, a pesar de los progresos hechos en su extracción, tienen producciones declinantes o a punto de declinar (recordemos: petróleo convencional desde 2005 y todos los líquidos a punto de declinar, si no lo está haciendo ya; gas a partir de 2025, antes incluso a escala regional; carbón posiblemente a partir de este año; y uranio en algún momento entre 2015 y 2035, aunque los estudios más recientes apuntan más hacia la parte baja de esa horquilla). Y el tipo de tecnología que hemos desarrollado para la explotación de los recursos no nos permite aumentar la TRE si no es a costa de disminuir la producción total. Es decir, que hagámoslo como lo hagamos la energía neta tiende a disminuir. Necesitaríamos ser capaces de desarrollar sistemas inteligentes capaces de arrancar los filones dispersos de una mina y seleccionar prácticamente grano a grano lo que es aprovechable y lo que no. Lo malo es que no tenemos esa capacidad tecnológica; los sistemas de reconocimiento de patrones en imagen más avanzados no permiten ni de lejos hacer esas tareas tan especializadas a gran velocidad y en entornos ruidosos y sucios como son las minas. Así que no parece que podamos mejorar la cantidad de energía neta yendo hacia adelante en el progreso tecnológico. Pero, ¿qué pasa si vamos hacia atrás? Fíjese el lector en qué necesitamos: un sistema inteligente, capaz de optimizar el consumo de energía siendo selectivo, adaptable a todo tipo de entornos… De hecho, ya tenemos ese sistema. Se llama ser humano.

No se escandalice el lector, porque ese retorno a los sistemas de explotación de minas del pasado hace tiempo que se está dando, y para mayor agravamiento con un considerable deterioro de las condiciones de vida de los mineros (puesto que la toma de medidas de seguridad también cuesta energía, lo cual se traduce en dinero, que es lo que el propietario de la mina mira). Y no estoy hablando de lugares remotos donde todos hemos oído que pasan todo tipo atrocidades (por ejemplo, las minas de coltan, oro y diamantes en Zaire). Pasaba por ejemplo en mi León natal hace ya casi dos décadas, cuando la cuenca minera se llenó de caboverdianos que venían a trabajar, en condiciones no siempre óptimas, en las minas de carbón; allí, las grandes explotaciones de otrora dieron paso con los años a pequeñas explotaciones casi familiares que explotaban filones marginales, arrancando el negro carbón casi con los dientes por sueldos que desde luego no eran los de otras épocas. Y estoy seguro que si los lectores tienen familia o amigos que trabajan o han trabajado en las minas de las diversas materias primas podrá constatar que en la mayoría de las regiones de este ancho planeta -casi todas salvo las que tienen la suerte de contar aún con filones ricos- las condiciones de vida en la mina, nunca muy gratas, se han ido degradando.



Con el uso masivo de seres humanos en las minas se puede mejorar sensiblemente la TRE manteniendo un nivel relativamente elevado de producción. Sin embargo, en muchos casos a pesar de la introducción de muchos humanos no se puede conseguir mantener la producción total al mismo nivel, y entonces el recurso para mantener la producción de energía neta es aumentar la TRE a base de disminuir el consumo energético de cada unidad humana. Es decir, reducir a los mineros a condiciones de práctica esclavitud.


Este problema, el de la explotación de seres humanos para mejorar la TRE de nuestras fuentes de energía, no afecta exclusivamente a las fuentes de energía no renovable. Nuestros sistemas de producción de energía renovable más avanzados requieren de materiales raros y exóticos – neodimio en el caso de los aerogeneradores de más altas prestaciones, telurio en el caso de las células fotovoltaicas más avanzadas – cuya explotación es de naturaleza no económica, como ya discutimos en su día en el post  “La guerra de las tierras raras“. Allá explicábamos que en este momento China ha llegado a controlar más del 97% de la producción y refinado de esas materias primas, elementos químicos mayoritariamente de número atómico elevado y que se encuentran en el planeta Tierra en forma dispersa y sólo pueden ser explotados como subproducto de la extracción de otro mineral principal, como el hierro o el aluminio. Aún así, estas tierras raras no resultan económicas con nuestras técnicas industriales occidentales, ya que con nuestros métodos de explotación serían excesivamente caras. ¿Por qué China ha conseguido producir ese 97% de tierras raras? Porque utiliza otros medios de explotación menos occidentales en su propio país y en las minas que explota en otros lugares, principalmente en África aunque también tiene algunas explotaciones importantes en Sudamérica y próximamente incluso en Canadá y los EE.UU. De las quejas de algunos mineros chilenos sabemos que los métodos chinos no se distinguen precisamente por su buen trato hacia sus trabajadores; pero es que la única manera de que tengan precios competitivos su aerogenerador, su placa fotovoltaica de última generación, su Toyota Prius tan poco contaminente, su iPhone, su iPad, etc es que algunas decenas de miles de personas sean esclavizadas y arriesguen su salud.


El problema de la tendencia a la esclavitud y sacrificio de seres humanos no es, por supuesto, privativo de las fuentes de energía que he mencionado, sino de todas ellas explotadas en un marco de sociedad industrial orientada al consumo masivo. Pondré un par de ejemplos más: hace años, cuando se construían los primeros pantanos que hubo en España se utilizaba una mano de obra masiva, en ocasiones forzados “prisioneros de guerra”, muchos de los cuales no volvieron nunca a casa (o a la prisión) por los frecuentes accidentes. En el caso de la energía nuclear, al principio del accidente de Fukushima acaecido en Japón en Marzo de este año se llamó a trabajadores de cierta edad, ya retirados, para trabajar en las primeras y más críticas horas, en un movimiento que recordó a los infortunados “liquidadores” de Chernóbil. En suma, cuando se atascan los engranajes del gigantismo de la sociedad industrial la grasa que los lubrica para ponerlos de nuevo en marcha está hecha de seres humanos machacados.


¿Pasará algo así en Occidente? Yo estoy persuadido de que sí, sobre todo después de ver lo que pasa con las minas de carbón en mi provincia natal. Cuando el hambre o la necesidad aprietan uno se ve obligado a hacer lo que sea. La cuestión al final es que podremos ganar TRE, sí, pero a qué precio: al precio de que cada vez menos personas se puedan beneficiar del acceso a la energía abundante y de calidad. Y entonces cabría preguntarse si este “progreso” merecía la pena.

Salu2,
AMT

 

Tasa de Retorno Energética y progreso tecnológico

25 oct
The Old Mine Mule, por Richard Grist
Queridos lectores,

Como saben, uno de los conceptos clave para comprender la gravedad de la crisis energética es el de la Tasa de Retorno Energético (TRE; en inglés EROEI, que corresponde a Energy Return on Energy Investmen). La TRE, lo hemos dicho muchas veces, es la relación entre la energía que nos proporciona una fuente y la energía que tenemos que gastar para conseguirla. Así, el petróleo convencional tiene hoy en día una TRE de 20, lo que significa que por cada unidad de energía destinada a la producción de petróleo (en la elaboración de los materiales usados en los pozos, su instalación, la perforación, la operación, el mantenimiento, etc) se consiguen otras 20 unidades de energía. Para corregir algunos errores que he visto comúnmente entre los comentaristas, quiero recalcar que la TRE es un cociente, no una diferencia: es el factor de amplificación correspondiente a la fuente de energía en estudio. El valor crítico de la TRE es 1: cuando la TRE llega a la unidad, se recupera tanta energía como la que se invierte y el sistema deja de tener sentido como fuente de energía. Sin embargo, determinados sistemas de producción que se usan tienen TREs por debajo de 1; se trata entonces de vectores especializados de energía o portadores, pero no de fuentes de energía. Éste sería el caso del hidrógeno o la electricidad, que se usan para el almacenamiento o la operación de determinados aparatos, pero que en su producción se consume más energía que la que luego retornarán (por ejemplo, en la generación eléctrica a partir de centrales térmicas o nucleares se pierde el 65% de la energía, y en la producción de hidrógeno por la electrólisis del agua alrededor del 50%). Por otra parte, la TRE, por definición, es siempre positiva (no hablen de TREs negativas, que eso no significa nada).


Charles Hall es un profesor de la Universidad de Syracuse, en Nueva York, y es una eminencia mundial en el cálculo de TREs. Es muy famoso el siguiente diagrama hecho por él, en el que se expresan TREs en la vertical y volumen de energía generado en la horizontal, para las diversas fuentes de energía operadas en los EE.UU.:



Gráfica sacada de un interesante artículo en Scitizen: http://scitizen.com/future-energies/charlie-hall-s-balloon-graph_a-14-1305.html
Como ven, en el caso del petróleo (el más estudiado) la TRE ha caído de 100 a principios del siglo XX a poco menos de 20 en la actualidad. Este proceso constatado de caída de la TRE está relacionada con la degradación de calidad de los yacimientos explotados, que a pesar de las sucesivas mejoras en las técnicas de explotación acaba pesando más y obliga a gastar más energía por unidad producida. El problema de la caída de la TRE es muy grave, porque puede abocarnos a una situación más complicada de lo que la mera observación de la curva de producción nos podría indicar (como ya analizamos en un post anterior). Se ha de destacar además que algunos estudios antropológicos indican que una sociedad funcional ha de tener una TRE mínima, cifrada entre 5 y 10, por debajo de la cual algunas necesidades (cuidado de niños y mayores, construcción y mantenimiento de infraestructuras, etc) dejan de poder atenderse porque una fracción cada vez mayor del esfuerzo se dedica a la mera producción de energía. Si la sociedad se va adaptando mal a los cambios que le comporta la disminución de la TRE y se empeña en mantener actividades que no pueden sufragarse el riesgo de colapso es elevado. Sin embargo, la cuestión de la TRE es raramente analizada por los autodenominados expertos institucionales, que suelen despreciarla cuando no la ignoran en absoluto.


Hay, sin embargo, otro grupo de expertos que sí que reconocen la importancia de la TRE pero que tienen una actitud tecnooptimista y suelen argumentar que los que alertamos sobre el rápido declive de la energía neta tenemos un punto de vista excesivamente pesimista ya que tendemos a considerar la TRE como algo estático mientras que en realidad la TRE evoluciona con el tiempo y con la introducción de mejoras tecnológicas se gana en eficiencia y por tanto la TRE sube, o puede subir en el momento en que estas mejoras se implementen a escala masiva. Durante mucho tiempo mi posición ha sido la de no negar ese posible efecto benéfico pero centrarme en lo que observábamos, y sobre todo alertar sobre los peligros potenciales. Pero con el tiempo he ido madurando mis ideas al respecto, y la conversación con Pedro Prieto y Juan Carlos Barba del otro día me ha llevado a poner en claro mis ideas, y después de reflexionar sobre ello mi conclusión es la absolutamente contraria. A exponer mis conclusiones dedicaré el post de hoy.

La posibilidad de que la tecnología lleve a una mejora de la TRE es, a mi modo de ver, una hipótesis errónea en la tesitura que nos encontramos por dos motivos, a saber: el déficit de capacidad de desarrollo tecnológico y que nuestra tecnología no ha buscado nunca optimizar la TRE.

Respecto a mi primer argumento,  tendemos a suponer que el progreso tecnológico seguirá el mismo rápido desarrollo de los tiempos recientes, que son los que nos han tocado vivir. Y aunque por supuesto que no conocemos todo el potencial de desarrollo de la tecnología futura, lo que sí que es cierto es que la explosión inventiva ha sido propiciada por el acceso a la energía abundante y barata, y a un derivado de ella, la buena financiación. Sin embargo, en este momento laboratorios de todo el mundo, desde EE.UU. hasta China pasando por Europa están reduciendo sus presupuestos debido a la necesidad, sobre todo en Occidente, de destinar capital a otras necesidades más perentorias; y no deja de ser paradójico que se nos pida a los científicos que acometamos los retos más difíciles cuando al tiempo se nos están retirando los recursos para investigar (conste que no me quejo: seguramente el tiempo de investigar alternativas energéticas a gran escala ya pasó y es tiempo de hacer inventario). Pero por ello mismo mi impresión es que los avances tecnológicos, los verdaderos (no la publicitación obsesiva que se hace en los medios de la penúltima nadería) van a ser más difíciles de conseguir en adelante, en parte porque es difícil avanzar cuando ya hemos progresado mucho y en parte por la escasez de recursos.

Respecto al segundo, y más poderoso, de mis argumentos, mi observación es que nuestras tecnologías de extracción de materias primas no renovables no han buscado nunca en realidad la optimización de la TRE, y que el tipo de tecnologías que hemos desarrollado no sólo no nos dará pistas de como mejorarla, sino que nos ha alejado de ese objetivo. Pensémoslo un segundo. ¿Qué es lo que se ha pretendido con la explotación de los materias primas energéticas? ¿Aumentar la TRE? No. Lo que se ha pretendido es aumentar la producción, es decir, la cantidad de energía neta producida por unidad de tiempo. El problema es que nuestro sistema económico, como ya hemos discutido, necesita crecimiento sin fin, y encima a un ritmo muy rápido. Con la gran potencia mecánica que nos han proporcionado los combustibles fósiles hemos tendido a hacer las cosas de manera más masiva y brutal, aún a costa de sacrificar la eficiencia relativa. Es decir, nuestros medios de extracción han tendido a desperdiciar una mayor fracción de energía, primando la rapidez con la que se extrae el recurso sobre la eficacia en su extracción; si el volumen total de energía producida crecía suficientemente rápido el perder una fracción mayor en producirla, es decir, reducir la TRE, no tiene ninguna importancia. Hasta que se llega al cenit de producción del recurso, claro está.


Veamos ahora algunos ejemplos de cómo se ha optado más por la fuerza bruta que por la mejora de la eficiencia en la extracción. En EE.UU. y en otros países existe una fuerte campaña en contra de la extracción mineral, particularmente de carbón, por desmontado de montañas (top removal). Como indica su nombre, esta técnica se base en el despiece de una montaña desde su cima, a base de dinamita y excavadora. El énfasis, como ya hemos dicho, se ponen en mantener un elevado nivel de producción, aunque es evidente que machacarlo todo, con gran consumo de energía, no es la manera más eficiente de extraer carbón. Aparte de la baja TRE, este tipo de explotación trae consigo una serie de externalidades bastante adversas (degradación del suelo y del hábitat, contaminación, etc). Para que se hagan una idea vean la siguiente imagen:

La extracción del gas no convencional es otro ejemplo de baja eficiencia extractiva, a pesar de ser lo más puntero en la industria hoy en día y que ha permitido dar alas a la industria creando una burbuja que está a punto de explotar con grave daño económico (léanse el post “¿Un mar de gas natural?“, sobre todo los que creen en una nueva supremacía gasística en Argentina y ahora en España). Mediante la técnica conocida como fractura hidráulica (hydrofrac) se inyecta agua a presión para fracturar las láminas de pizarra en el subsuelo y así liberar las burbujitas de metano contenidas y extraer el gas. En el proceso se arruina el recurso (la pizarra una vez fracturada ya no se puede aprovechar, ni siquiera para extraer más gas), se contamina el acuífero y, en casos extremos, se produce ligera sismicidad por el deslizamiento de las placas de pizarra (como ha pasado en las recientes prospecciones en Blackpool, en el Reino Unido). De nuevo, es un método de fuerza bruta que obtiene su rendimiento de “tirar sobre todo lo que se mueve”.

Pero ahora nos encontramos en una encrucijada histórica. Las fuentes no renovables de energía, a pesar de los progresos hechos en su extracción, tienen producciones declinantes o a punto de declinar (recordemos: petróleo convencional desde 2005 y todos los líquidos a punto de declinar, si no lo está haciendo ya; gas a partir de 2025, antes incluso a escala regional; carbón posiblemente a partir de este año; y uranio en algún momento entre 2015 y 2035, aunque los estudios más recientes apuntan más hacia la parte baja de esa horquilla). Y el tipo de tecnología que hemos desarrollado para la explotación de los recursos no nos permite aumentar la TRE si no es a costa de disminuir la producción total. Es decir, que hagámoslo como lo hagamos la energía neta tiende a disminuir. Necesitaríamos ser capaces de desarrollar sistemas inteligentes capaces de arrancar los filones dispersos de una mina y seleccionar prácticamente grano a grano lo que es aprovechable y lo que no. Lo malo es que no tenemos esa capacidad tecnológica; los sistemas de reconocimiento de patrones en imagen más avanzados no permiten ni de lejos hacer esas tareas tan especializadas a gran velocidad y en entornos ruidosos y sucios como son las minas. Así que no parece que podamos mejorar la cantidad de energía neta yendo hacia adelante en el progreso tecnológico. Pero, ¿qué pasa si vamos hacia atrás? Fíjese el lector en qué necesitamos: un sistema inteligente, capaz de optimizar el consumo de energía siendo selectivo, adaptable a todo tipo de entornos… De hecho, ya tenemos ese sistema. Se llama ser humano.

No se escandalice el lector, porque ese retorno a los sistemas de explotación de minas del pasado hace tiempo que se está dando, y para mayor agravamiento con un considerable deterioro de las condiciones de vida de los mineros (puesto que la toma de medidas de seguridad también cuesta energía, lo cual se traduce en dinero, que es lo que el propietario de la mina mira). Y no estoy hablando de lugares remotos donde todos hemos oído que pasan todo tipo atrocidades (por ejemplo, las minas de coltan, oro y diamantes en Zaire). Pasaba por ejemplo en mi León natal hace ya casi dos décadas, cuando la cuenca minera se llenó de caboverdianos que venían a trabajar, en condiciones no siempre óptimas, en las minas de carbón; allí, las grandes explotaciones de otrora dieron paso con los años a pequeñas explotaciones casi familiares que explotaban filones marginales, arrancando el negro carbón casi con los dientes por sueldos que desde luego no eran los de otras épocas. Y estoy seguro que si los lectores tienen familia o amigos que trabajan o han trabajado en las minas de las diversas materias primas podrá constatar que en la mayoría de las regiones de este ancho planeta -casi todas salvo las que tienen la suerte de contar aún con filones ricos- las condiciones de vida en la mina, nunca muy gratas, se han ido degradando.



Con el uso masivo de seres humanos en las minas se puede mejorar sensiblemente la TRE manteniendo un nivel relativamente elevado de producción. Sin embargo, en muchos casos a pesar de la introducción de muchos humanos no se puede conseguir mantener la producción total al mismo nivel, y entonces el recurso para mantener la producción de energía neta es aumentar la TRE a base de disminuir el consumo energético de cada unidad humana. Es decir, reducir a los mineros a condiciones de práctica esclavitud.


Este problema, el de la explotación de seres humanos para mejorar la TRE de nuestras fuentes de energía, no afecta exclusivamente a las fuentes de energía no renovable. Nuestros sistemas de producción de energía renovable más avanzados requieren de materiales raros y exóticos – neodimio en el caso de los aerogeneradores de más altas prestaciones, telurio en el caso de las células fotovoltaicas más avanzadas – cuya explotación es de naturaleza no económica, como ya discutimos en su día en el post  “La guerra de las tierras raras“. Allá explicábamos que en este momento China ha llegado a controlar más del 97% de la producción y refinado de esas materias primas, elementos químicos mayoritariamente de número atómico elevado y que se encuentran en el planeta Tierra en forma dispersa y sólo pueden ser explotados como subproducto de la extracción de otro mineral principal, como el hierro o el aluminio. Aún así, estas tierras raras no resultan económicas con nuestras técnicas industriales occidentales, ya que con nuestros métodos de explotación serían excesivamente caras. ¿Por qué China ha conseguido producir ese 97% de tierras raras? Porque utiliza otros medios de explotación menos occidentales en su propio país y en las minas que explota en otros lugares, principalmente en África aunque también tiene algunas explotaciones importantes en Sudamérica y próximamente incluso en Canadá y los EE.UU. De las quejas de algunos mineros chilenos sabemos que los métodos chinos no se distinguen precisamente por su buen trato hacia sus trabajadores; pero es que la única manera de que tengan precios competitivos su aerogenerador, su placa fotovoltaica de última generación, su Toyota Prius tan poco contaminente, su iPhone, su iPad, etc es que algunas decenas de miles de personas sean esclavizadas y arriesguen su salud.


El problema de la tendencia a la esclavitud y sacrificio de seres humanos no es, por supuesto, privativo de las fuentes de energía que he mencionado, sino de todas ellas explotadas en un marco de sociedad industrial orientada al consumo masivo. Pondré un par de ejemplos más: hace años, cuando se construían los primeros pantanos que hubo en España se utilizaba una mano de obra masiva, en ocasiones forzados “prisioneros de guerra”, muchos de los cuales no volvieron nunca a casa (o a la prisión) por los frecuentes accidentes. En el caso de la energía nuclear, al principio del accidente de Fukushima acaecido en Japón en Marzo de este año se llamó a trabajadores de cierta edad, ya retirados, para trabajar en las primeras y más críticas horas, en un movimiento que recordó a los infortunados “liquidadores” de Chernóbil. En suma, cuando se atascan los engranajes del gigantismo de la sociedad industrial la grasa que los lubrica para ponerlos de nuevo en marcha está hecha de seres humanos machacados.


¿Pasará algo así en Occidente? Yo estoy persuadido de que sí, sobre todo después de ver lo que pasa con las minas de carbón en mi provincia natal. Cuando el hambre o la necesidad aprietan uno se ve obligado a hacer lo que sea. La cuestión al final es que podremos ganar TRE, sí, pero a qué precio: al precio de que cada vez menos personas se puedan beneficiar del acceso a la energía abundante y de calidad. Y entonces cabría preguntarse si este “progreso” merecía la pena.

Salu2,
AMT

 

Quememos la Tierra

20 oct

Queridos lectores,

El miércoles tuve una nueva charla, esta vez en el contexto de un debate sobre la crisis energética y el cambio climático organizado por la Coordinadora para la Salvaguarda del Montseny con motivo de su vigésimo quinto aniversario. Tuve la suerte y el honor de compartir la mesa con Sergi Saladié, de la Universitat Rovira i Virgili, y con Salvador Pueyo, del Instituto Catalán de Ciencias del Clima. El acto consistió en tres presentaciones de los tres ponentes, y después una ronda larga de preguntas de los asistentes y su ulterior discusión. Yo presenté un análisis rápido del estado de las diversas fuentes de energía y su interacción con la crisis económica y financiera; rápido, pero me extendí bastante más de los 25 minutos previstos. Sergi Saladié presentó un muy interesante, y también compacto, estudio sobre todas las incoherencias del sistema eléctrico español (y fue mucho más respetuoso con los límites de tiempo). Finalmente, Salvador Pueyo hizo una original presentación sobre la importancia del cambio climático incluso en una escenario de Peak Oil. La verdad es que no me lo esperaba, sobre todo por las muchas referencias que hizo a que un escenario de agotamiento de los combustibles fósiles no mermaba en absoluto la gravedad del cambio climático. Salva y yo nos conocemos desde hace ya algún tiempo y por supuesto sabía de qué iba a hablar yo; por otro lado, Salva ha participado en diversas actividades vinculadas al peak oil y al decrecentismo y conoce perfectamente la realidad y gravedad de la amenaza que supone La Gran Escasez. Sin embargo, tengo la impresión de que la realidad cada vez más palpable de la escasez energética le hizo ver como necesario defender la importancia del trabajo que desarrollan en su instituto (y que, por cierto, también es una actividad importante en el mío).


La cuestión no es menor. Es conocido que los escenarios de referencia del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) se basan en un aumento de las emisiones de CO2 siguiendo escenarios en los que se consume tanto combustible fósil como es requerido por la demanda, pero sabemos que eso simplemente no es posible, ya que todos los combustibles fósiles están muy cerca de su máxima producción, si no la han pasado ya. Desde hace algún tiempo el presidente de ASPO Internacional Kjell Aleklett critica la falta de realismo de los escenarios de emisiones del IPCC, y no le falta razón. ¿Quiere decir eso que el cambio climático es un problema del que ya no hace falta preocuparse? Pues no; en realidad, todo lo contrario.


Es completamente cierto que para tener una idea más clara de a qué riesgos nos enfrentamos el informe del IPCC debería hacer sus previsiones contemplando el decaimiento previsible de las emisiones de CO2. Recordemos, empero, que el IPCC no hace sus propios estudios, sino que compila el conocimiento científico según los estudios más recientes, más al día (aunque el IPCC sí que da recomendaciones sobre qué escenarios son representativos); por tanto, para que el informe del IPCC puede contemplar el efecto de la caída de emisiones este escenario tiene que ser un lugar común conocido por los climatólogos que las emisiones inexorablemente decaerán. Si ya sabemos qué problemas tenemos para hacer entender el Oil Crash a los ciudadanos y más específicamente a los científicos entenderemos que no vamos a llegar a ese punto de concienciación de manera rápida. Por otro lado, los escenarios de emisión necesitan un modelo económico detrás, el cual será mucho más complejo que lo que se suele tomar habitualmente, como ya hemos comentado en otras ocasiones; y eso enfrenta a los climatólogos con una complejidad que les es completamente ajena y que se les hace más difícil de integrar. Por tanto, los escenarios del IPCC todavía durante mucho tiempo no tendrán en cuenta, o lo harán de forma muy pobre, el declive energético. A pesar de esta limitación que nos acompañará durante algún tiempo sí que podemos conocer algunas de las cosas que nos cabe esperar de la evolución del clima.

En primer lugar, se ha de tener en cuenta el riesgo que supone ciertos efectos no lineales que pueden estar desencadenándose ya. Por ejemplo, la liberación de metano (un gas de efecto invernadero más potente que el CO2) por la fusión del permafrost en la tundra siberia y la inestabilización de los caltratos o hidratos de gas (de metano) en algunos fondos marinos – efectos ambos consecuencia del calentamiento de estos entornos. La liberación de estas grandes masas de metano acentuarían el efecto invernadero de una manera más rápida y potente que las meras emisiones de CO2, y nos recuerdan la urgencia de intentar reducir las mismas. Otro efecto no lineal que inevitablemente se desencadenará cuando no nos quede más remedio que quemar menos combustibles fósiles es que la atmósfera se volverá más transparente al estar más limpia y sentiremos con mayor fuerza el efecto invernadero a nivel de la superficie; es el problema de la debilitación del dimming o apantallamiento (si quieren saber más sobre este tema, tienen aquí una excelente referencia). Y a éstos y otros efectos no lineales conocidos tendríamos que añadirles otros desconocidos, todo lo cual, en estricta aplicación del principio de precaución nos debería llevar a profundizar en las políticas de reducción de emisiones de CO2. Por tanto, no hay demasiado margen para la confianza por aquí.


Aparte está mi convencimiento personal, como ya expresé en el acto del miércoles, que en tanto no cambiemos el sistema económico y llevemos la lógica del actual hasta sus últimas consecuencias tenderemos a quemar todo lo quemable simplemente para mantener la maquinaria industrial en marcha, simplemente para producir hasta el último iPad. En particular, es bastante evidente que países como España aspiran a usar sus reservas de carbón, única fuente fósil autóctona, para compensar la caída que llega; pero el carbón produce mucho más CO2 a igualdad de energía producida en la combustión, con lo que el declive de emisiones será más lento que el de la energía. Encima, recuperaremos el carbón vegetal como se usó históricamente, lo cual, si no se gestiona correctamente, puede llevar a arrasar una parte importante de la cubierta vegetal terrestre, la cual actúa como un sumidero de CO2 y retiene una parte substancial de este gas fuera de la atmósfera… hasta que quememos los árboles que contenían esos átomos de carbono. Y, desgraciadamente, éste es previsiblemente el camino que seguiremos.  

¿Qué conclusión debemos extraer de lo que acabamos de discutir? Que la lucha contra el cambio climático no puede esperar y que no es negociable.


Y sin embargo leía hoy en el blog Oil Man de Le Monde que la Unión Europea se está empezando a plantear si merece la pena continuar con la lucha contra el cambio climático si es la única región a hacerlo (pueden acceder al documento original de la Comisión por cortesía de Oil Man siguiendo este enlace; ver página 9). Planea sobre esta decisión a tomar la certeza de que la lucha contra el cambio climático supone un encarecimiento de los costes industriales y al final una pérdida de competitividad económica. Con la nueva recesión sobre nosotros, la última cosa que puede pretender nuestros líderes es agravarla estableciendo nuevas obligaciones para nuestro tejido productivo. Encima, coincide este debate con la presidencia polaca de la UE; es importante destacar que Polonia genera el 95% de su electricidad quemando carbón, el combustible que más CO2 genera por unidad de energía producida. En suma, que lo del cambio climático, tal y como lo ven nuestros líderes, es algo muy bonito pero poco práctico y se ha de supeditar a la recuperación imposible, a la quimera del crecimiento económico. Y si en el camino tenemos que quemar todo el planeta, lo haremos. Eso es lo que vamos a hacer si no paramos esta locura: quemar hasta la última molécula quemable de este planeta, como si fuera el tren de los hermanos Marx. Coja su antorcha. Abrasemos este planeta. Quememos la Tierra.



Salu2,
AMT

P. Data: Desde InspirAction me acaban de pedir justo hoy que dé publicidad al siguiente mensaje, cosa que seguidamente hago al ser relevante al post de hoy:

Con su “Menú para Durban” InspirAction lo deja claro: es hora de hacer frente al cambio climático. Porque si sigue avanzando, el menor de nuestros problemas será alimentarnos de insectos.

Paella de hormigas, sushi de saltamontes… ¿Tendremos que acostumbrarnos? En InspirAction creemos que los primeros que deberían probar ese menú son los líderes que tomarán decisiones en Durban. Tal vez así sean más conscientes del riesgo que corremos si no hacemos frente con determinación al cambio climático. Firma ahora la petición on line de InspirAction, y hazles saber que no estamos dispuestos a acostumbrarnos a ese menú. Deben actuar ya.

 Tras los escasos resultados de las últimas cumbres climáticas, la esperanza de romper el estancamiento mundial descansa ahora en las iniciativas de la Unión Europea, indica la ONGD InspirAction. “Quedan menos de 50 días antes de abrir de nuevo el proceso de negociación en Durban (Sudáfrica). Seguimos sin avances significativos, así que sólo nos queda instar a la Unión Europea a utilizar su poder para impulsar un mayor apoyo internacional para conseguir un segundo período del Protocolo de Kyoto, sin el cual el mundo quedaría avocado al caos climático, sin posibilidades de estabilizar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, indican desde InspirAction.

 El protocolo de Kyoto encarna el principio de justicia climática, la idea de que los países industrializados que más han contribuido a crear el problema del cambio climático tienen  una mayor responsabilidad a la hora de reducir sus emisiones y ayudar a los países más pobres a hacerle frente. No podemos esperar más: es hora de que Europa lidere un paso adelante en la negociación climática, sin esperar a que EE.UU. lo haga. “Por desgracia, no podemos esperar más. El resto del mundo tiene que moverse, con o sin EE.UU. Es necesario que Europa lidere el camino”
 No todo es negativo: cada vez existe una mayor certeza entre la opinión pública de que es hora de actuar. Los resultados de la nueva encuesta del Eurobarómetro indican  que los europeos consideran que el cambio climático es el segundo problema más serio que enfrenta el mundo hoy en día. La pobreza, el hambre y la falta de agua potable fueron elegidos como el problema más grave por un 28 por ciento de los encuestados, mientras que el cambio climático ha sido seleccionada por el 20 por ciento, seguido por la crisis económica (16 por ciento) y el terrorismo internacional (11 por ciento). La encuesta también muestra que en la UE, la mayor parte de la población considera a los gobiernos nacionales responsables de la lucha contra el cambio climático (41 por ciento de los encuestados), seguidos por la propia Unión Europea (35 por ciento) y el comercio y la industria (35 por ciento).

“Esperamos que los ministros de medio ambiente europeos tomarán nota de la preocupación de los ciudadanos por el cambio climático, y decidirán por fin hacerle frente. Mientras los países más ricos del mundo no lleguen a un acuerdo internacional sobre el clima, las personas que viven en la pobreza seguirán sufriendo el impacto de los fenómenos climáticos extremos”, afirma Isabel Ortigosa, responsable de incidencia de InspirAction.

 

Quememos la Tierra

20 oct

Queridos lectores,

El miércoles tuve una nueva charla, esta vez en el contexto de un debate sobre la crisis energética y el cambio climático organizado por la Coordinadora para la Salvaguarda del Montseny con motivo de su vigésimo quinto aniversario. Tuve la suerte y el honor de compartir la mesa con Sergi Saladié, de la Universitat Rovira i Virgili, y con Salvador Pueyo, del Instituto Catalán de Ciencias del Clima. El acto consistió en tres presentaciones de los tres ponentes, y después una ronda larga de preguntas de los asistentes y su ulterior discusión. Yo presenté un análisis rápido del estado de las diversas fuentes de energía y su interacción con la crisis económica y financiera; rápido, pero me extendí bastante más de los 25 minutos previstos. Sergi Saladié presentó un muy interesante, y también compacto, estudio sobre todas las incoherencias del sistema eléctrico español (y fue mucho más respetuoso con los límites de tiempo). Finalmente, Salvador Pueyo hizo una original presentación sobre la importancia del cambio climático incluso en una escenario de Peak Oil. La verdad es que no me lo esperaba, sobre todo por las muchas referencias que hizo a que un escenario de agotamiento de los combustibles fósiles no mermaba en absoluto la gravedad del cambio climático. Salva y yo nos conocemos desde hace ya algún tiempo y por supuesto sabía de qué iba a hablar yo; por otro lado, Salva ha participado en diversas actividades vinculadas al peak oil y al decrecentismo y conoce perfectamente la realidad y gravedad de la amenaza que supone La Gran Escasez. Sin embargo, tengo la impresión de que la realidad cada vez más palpable de la escasez energética le hizo ver como necesario defender la importancia del trabajo que desarrollan en su instituto (y que, por cierto, también es una actividad importante en el mío).


La cuestión no es menor. Es conocido que los escenarios de referencia del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) se basan en un aumento de las emisiones de CO2 siguiendo escenarios en los que se consume tanto combustible fósil como es requerido por la demanda, pero sabemos que eso simplemente no es posible, ya que todos los combustibles fósiles están muy cerca de su máxima producción, si no la han pasado ya. Desde hace algún tiempo el presidente de ASPO Internacional Kjell Aleklett critica la falta de realismo de los escenarios de emisiones del IPCC, y no le falta razón. ¿Quiere decir eso que el cambio climático es un problema del que ya no hace falta preocuparse? Pues no; en realidad, todo lo contrario.


Es completamente cierto que para tener una idea más clara de a qué riesgos nos enfrentamos el informe del IPCC debería hacer sus previsiones contemplando el decaimiento previsible de las emisiones de CO2. Recordemos, empero, que el IPCC no hace sus propios estudios, sino que compila el conocimiento científico según los estudios más recientes, más al día (aunque el IPCC sí que da recomendaciones sobre qué escenarios son representativos); por tanto, para que el informe del IPCC puede contemplar el efecto de la caída de emisiones este escenario tiene que ser un lugar común conocido por los climatólogos que las emisiones inexorablemente decaerán. Si ya sabemos qué problemas tenemos para hacer entender el Oil Crash a los ciudadanos y más específicamente a los científicos entenderemos que no vamos a llegar a ese punto de concienciación de manera rápida. Por otro lado, los escenarios de emisión necesitan un modelo económico detrás, el cual será mucho más complejo que lo que se suele tomar habitualmente, como ya hemos comentado en otras ocasiones; y eso enfrenta a los climatólogos con una complejidad que les es completamente ajena y que se les hace más difícil de integrar. Por tanto, los escenarios del IPCC todavía durante mucho tiempo no tendrán en cuenta, o lo harán de forma muy pobre, el declive energético. A pesar de esta limitación que nos acompañará durante algún tiempo sí que podemos conocer algunas de las cosas que nos cabe esperar de la evolución del clima.

En primer lugar, se ha de tener en cuenta el riesgo que supone ciertos efectos no lineales que pueden estar desencadenándose ya. Por ejemplo, la liberación de metano (un gas de efecto invernadero más potente que el CO2) por la fusión del permafrost en la tundra siberia y la inestabilización de los caltratos o hidratos de gas (de metano) en algunos fondos marinos – efectos ambos consecuencia del calentamiento de estos entornos. La liberación de estas grandes masas de metano acentuarían el efecto invernadero de una manera más rápida y potente que las meras emisiones de CO2, y nos recuerdan la urgencia de intentar reducir las mismas. Otro efecto no lineal que inevitablemente se desencadenará cuando no nos quede más remedio que quemar menos combustibles fósiles es que la atmósfera se volverá más transparente al estar más limpia y sentiremos con mayor fuerza el efecto invernadero a nivel de la superficie; es el problema de la debilitación del dimming o apantallamiento (si quieren saber más sobre este tema, tienen aquí una excelente referencia). Y a éstos y otros efectos no lineales conocidos tendríamos que añadirles otros desconocidos, todo lo cual, en estricta aplicación del principio de precaución nos debería llevar a profundizar en las políticas de reducción de emisiones de CO2. Por tanto, no hay demasiado margen para la confianza por aquí.


Aparte está mi convencimiento personal, como ya expresé en el acto del miércoles, que en tanto no cambiemos el sistema económico y llevemos la lógica del actual hasta sus últimas consecuencias tenderemos a quemar todo lo quemable simplemente para mantener la maquinaria industrial en marcha, simplemente para producir hasta el último iPad. En particular, es bastante evidente que países como España aspiran a usar sus reservas de carbón, única fuente fósil autóctona, para compensar la caída que llega; pero el carbón produce mucho más CO2 a igualdad de energía producida en la combustión, con lo que el declive de emisiones será más lento que el de la energía. Encima, recuperaremos el carbón vegetal como se usó históricamente, lo cual, si no se gestiona correctamente, puede llevar a arrasar una parte importante de la cubierta vegetal terrestre, la cual actúa como un sumidero de CO2 y retiene una parte substancial de este gas fuera de la atmósfera… hasta que quememos los árboles que contenían esos átomos de carbono. Y, desgraciadamente, éste es previsiblemente el camino que seguiremos.  

¿Qué conclusión debemos extraer de lo que acabamos de discutir? Que la lucha contra el cambio climático no puede esperar y que no es negociable.


Y sin embargo leía hoy en el blog Oil Man de Le Monde que la Unión Europea se está empezando a plantear si merece la pena continuar con la lucha contra el cambio climático si es la única región a hacerlo (pueden acceder al documento original de la Comisión por cortesía de Oil Man siguiendo este enlace; ver página 9). Planea sobre esta decisión a tomar la certeza de que la lucha contra el cambio climático supone un encarecimiento de los costes industriales y al final una pérdida de competitividad económica. Con la nueva recesión sobre nosotros, la última cosa que puede pretender nuestros líderes es agravarla estableciendo nuevas obligaciones para nuestro tejido productivo. Encima, coincide este debate con la presidencia polaca de la UE; es importante destacar que Polonia genera el 95% de su electricidad quemando carbón, el combustible que más CO2 genera por unidad de energía producida. En suma, que lo del cambio climático, tal y como lo ven nuestros líderes, es algo muy bonito pero poco práctico y se ha de supeditar a la recuperación imposible, a la quimera del crecimiento económico. Y si en el camino tenemos que quemar todo el planeta, lo haremos. Eso es lo que vamos a hacer si no paramos esta locura: quemar hasta la última molécula quemable de este planeta, como si fuera el tren de los hermanos Marx. Coja su antorcha. Abrasemos este planeta. Quememos la Tierra.



Salu2,
AMT

P. Data: Desde InspirAction me acaban de pedir justo hoy que dé publicidad al siguiente mensaje, cosa que seguidamente hago al ser relevante al post de hoy:

Con su “Menú para Durban” InspirAction lo deja claro: es hora de hacer frente al cambio climático. Porque si sigue avanzando, el menor de nuestros problemas será alimentarnos de insectos.

Paella de hormigas, sushi de saltamontes… ¿Tendremos que acostumbrarnos? En InspirAction creemos que los primeros que deberían probar ese menú son los líderes que tomarán decisiones en Durban. Tal vez así sean más conscientes del riesgo que corremos si no hacemos frente con determinación al cambio climático. Firma ahora la petición on line de InspirAction, y hazles saber que no estamos dispuestos a acostumbrarnos a ese menú. Deben actuar ya.

 Tras los escasos resultados de las últimas cumbres climáticas, la esperanza de romper el estancamiento mundial descansa ahora en las iniciativas de la Unión Europea, indica la ONGD InspirAction. “Quedan menos de 50 días antes de abrir de nuevo el proceso de negociación en Durban (Sudáfrica). Seguimos sin avances significativos, así que sólo nos queda instar a la Unión Europea a utilizar su poder para impulsar un mayor apoyo internacional para conseguir un segundo período del Protocolo de Kyoto, sin el cual el mundo quedaría avocado al caos climático, sin posibilidades de estabilizar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, indican desde InspirAction.

 El protocolo de Kyoto encarna el principio de justicia climática, la idea de que los países industrializados que más han contribuido a crear el problema del cambio climático tienen  una mayor responsabilidad a la hora de reducir sus emisiones y ayudar a los países más pobres a hacerle frente. No podemos esperar más: es hora de que Europa lidere un paso adelante en la negociación climática, sin esperar a que EE.UU. lo haga. “Por desgracia, no podemos esperar más. El resto del mundo tiene que moverse, con o sin EE.UU. Es necesario que Europa lidere el camino”
 No todo es negativo: cada vez existe una mayor certeza entre la opinión pública de que es hora de actuar. Los resultados de la nueva encuesta del Eurobarómetro indican  que los europeos consideran que el cambio climático es el segundo problema más serio que enfrenta el mundo hoy en día. La pobreza, el hambre y la falta de agua potable fueron elegidos como el problema más grave por un 28 por ciento de los encuestados, mientras que el cambio climático ha sido seleccionada por el 20 por ciento, seguido por la crisis económica (16 por ciento) y el terrorismo internacional (11 por ciento). La encuesta también muestra que en la UE, la mayor parte de la población considera a los gobiernos nacionales responsables de la lucha contra el cambio climático (41 por ciento de los encuestados), seguidos por la propia Unión Europea (35 por ciento) y el comercio y la industria (35 por ciento).

“Esperamos que los ministros de medio ambiente europeos tomarán nota de la preocupación de los ciudadanos por el cambio climático, y decidirán por fin hacerle frente. Mientras los países más ricos del mundo no lleguen a un acuerdo internacional sobre el clima, las personas que viven en la pobreza seguirán sufriendo el impacto de los fenómenos climáticos extremos”, afirma Isabel Ortigosa, responsable de incidencia de InspirAction.

 

Quememos la Tierra

20 oct

Queridos lectores,

El miércoles tuve una nueva charla, esta vez en el contexto de un debate sobre la crisis energética y el cambio climático organizado por la Coordinadora para la Salvaguarda del Montseny con motivo de su vigésimo quinto aniversario. Tuve la suerte y el honor de compartir la mesa con Sergi Saladié, de la Universitat Rovira i Virgili, y con Salvador Pueyo, del Instituto Catalán de Ciencias del Clima. El acto consistió en tres presentaciones de los tres ponentes, y después una ronda larga de preguntas de los asistentes y su ulterior discusión. Yo presenté un análisis rápido del estado de las diversas fuentes de energía y su interacción con la crisis económica y financiera; rápido, pero me extendí bastante más de los 25 minutos previstos. Sergi Saladié presentó un muy interesante, y también compacto, estudio sobre todas las incoherencias del sistema eléctrico español (y fue mucho más respetuoso con los límites de tiempo). Finalmente, Salvador Pueyo hizo una original presentación sobre la importancia del cambio climático incluso en una escenario de Peak Oil. La verdad es que no me lo esperaba, sobre todo por las muchas referencias que hizo a que un escenario de agotamiento de los combustibles fósiles no mermaba en absoluto la gravedad del cambio climático. Salva y yo nos conocemos desde hace ya algún tiempo y por supuesto sabía de qué iba a hablar yo; por otro lado, Salva ha participado en diversas actividades vinculadas al peak oil y al decrecentismo y conoce perfectamente la realidad y gravedad de la amenaza que supone La Gran Escasez. Sin embargo, tengo la impresión de que la realidad cada vez más palpable de la escasez energética le hizo ver como necesario defender la importancia del trabajo que desarrollan en su instituto (y que, por cierto, también es una actividad importante en el mío).


La cuestión no es menor. Es conocido que los escenarios de referencia del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) se basan en un aumento de las emisiones de CO2 siguiendo escenarios en los que se consume tanto combustible fósil como es requerido por la demanda, pero sabemos que eso simplemente no es posible, ya que todos los combustibles fósiles están muy cerca de su máxima producción, si no la han pasado ya. Desde hace algún tiempo el presidente de ASPO Internacional Kjell Aleklett critica la falta de realismo de los escenarios de emisiones del IPCC, y no le falta razón. ¿Quiere decir eso que el cambio climático es un problema del que ya no hace falta preocuparse? Pues no; en realidad, todo lo contrario.


Es completamente cierto que para tener una idea más clara de a qué riesgos nos enfrentamos el informe del IPCC debería hacer sus previsiones contemplando el decaimiento previsible de las emisiones de CO2. Recordemos, empero, que el IPCC no hace sus propios estudios, sino que compila el conocimiento científico según los estudios más recientes, más al día (aunque el IPCC sí que da recomendaciones sobre qué escenarios son representativos); por tanto, para que el informe del IPCC puede contemplar el efecto de la caída de emisiones este escenario tiene que ser un lugar común conocido por los climatólogos que las emisiones inexorablemente decaerán. Si ya sabemos qué problemas tenemos para hacer entender el Oil Crash a los ciudadanos y más específicamente a los científicos entenderemos que no vamos a llegar a ese punto de concienciación de manera rápida. Por otro lado, los escenarios de emisión necesitan un modelo económico detrás, el cual será mucho más complejo que lo que se suele tomar habitualmente, como ya hemos comentado en otras ocasiones; y eso enfrenta a los climatólogos con una complejidad que les es completamente ajena y que se les hace más difícil de integrar. Por tanto, los escenarios del IPCC todavía durante mucho tiempo no tendrán en cuenta, o lo harán de forma muy pobre, el declive energético. A pesar de esta limitación que nos acompañará durante algún tiempo sí que podemos conocer algunas de las cosas que nos cabe esperar de la evolución del clima.

En primer lugar, se ha de tener en cuenta el riesgo que supone ciertos efectos no lineales que pueden estar desencadenándose ya. Por ejemplo, la liberación de metano (un gas de efecto invernadero más potente que el CO2) por la fusión del permafrost en la tundra siberia y la inestabilización de los caltratos o hidratos de gas (de metano) en algunos fondos marinos – efectos ambos consecuencia del calentamiento de estos entornos. La liberación de estas grandes masas de metano acentuarían el efecto invernadero de una manera más rápida y potente que las meras emisiones de CO2, y nos recuerdan la urgencia de intentar reducir las mismas. Otro efecto no lineal que inevitablemente se desencadenará cuando no nos quede más remedio que quemar menos combustibles fósiles es que la atmósfera se volverá más transparente al estar más limpia y sentiremos con mayor fuerza el efecto invernadero a nivel de la superficie; es el problema de la debilitación del dimming o apantallamiento (si quieren saber más sobre este tema, tienen aquí una excelente referencia). Y a éstos y otros efectos no lineales conocidos tendríamos que añadirles otros desconocidos, todo lo cual, en estricta aplicación del principio de precaución nos debería llevar a profundizar en las políticas de reducción de emisiones de CO2. Por tanto, no hay demasiado margen para la confianza por aquí.


Aparte está mi convencimiento personal, como ya expresé en el acto del miércoles, que en tanto no cambiemos el sistema económico y llevemos la lógica del actual hasta sus últimas consecuencias tenderemos a quemar todo lo quemable simplemente para mantener la maquinaria industrial en marcha, simplemente para producir hasta el último iPad. En particular, es bastante evidente que países como España aspiran a usar sus reservas de carbón, única fuente fósil autóctona, para compensar la caída que llega; pero el carbón produce mucho más CO2 a igualdad de energía producida en la combustión, con lo que el declive de emisiones será más lento que el de la energía. Encima, recuperaremos el carbón vegetal como se usó históricamente, lo cual, si no se gestiona correctamente, puede llevar a arrasar una parte importante de la cubierta vegetal terrestre, la cual actúa como un sumidero de CO2 y retiene una parte substancial de este gas fuera de la atmósfera… hasta que quememos los árboles que contenían esos átomos de carbono. Y, desgraciadamente, éste es previsiblemente el camino que seguiremos.  

¿Qué conclusión debemos extraer de lo que acabamos de discutir? Que la lucha contra el cambio climático no puede esperar y que no es negociable.


Y sin embargo leía hoy en el blog Oil Man de Le Monde que la Unión Europea se está empezando a plantear si merece la pena continuar con la lucha contra el cambio climático si es la única región a hacerlo (pueden acceder al documento original de la Comisión por cortesía de Oil Man siguiendo este enlace; ver página 9). Planea sobre esta decisión a tomar la certeza de que la lucha contra el cambio climático supone un encarecimiento de los costes industriales y al final una pérdida de competitividad económica. Con la nueva recesión sobre nosotros, la última cosa que puede pretender nuestros líderes es agravarla estableciendo nuevas obligaciones para nuestro tejido productivo. Encima, coincide este debate con la presidencia polaca de la UE; es importante destacar que Polonia genera el 95% de su electricidad quemando carbón, el combustible que más CO2 genera por unidad de energía producida. En suma, que lo del cambio climático, tal y como lo ven nuestros líderes, es algo muy bonito pero poco práctico y se ha de supeditar a la recuperación imposible, a la quimera del crecimiento económico. Y si en el camino tenemos que quemar todo el planeta, lo haremos. Eso es lo que vamos a hacer si no paramos esta locura: quemar hasta la última molécula quemable de este planeta, como si fuera el tren de los hermanos Marx. Coja su antorcha. Abrasemos este planeta. Quememos la Tierra.



Salu2,
AMT

P. Data: Desde InspirAction me acaban de pedir justo hoy que dé publicidad al siguiente mensaje, cosa que seguidamente hago al ser relevante al post de hoy:

Con su “Menú para Durban” InspirAction lo deja claro: es hora de hacer frente al cambio climático. Porque si sigue avanzando, el menor de nuestros problemas será alimentarnos de insectos.

Paella de hormigas, sushi de saltamontes… ¿Tendremos que acostumbrarnos? En InspirAction creemos que los primeros que deberían probar ese menú son los líderes que tomarán decisiones en Durban. Tal vez así sean más conscientes del riesgo que corremos si no hacemos frente con determinación al cambio climático. Firma ahora la petición on line de InspirAction, y hazles saber que no estamos dispuestos a acostumbrarnos a ese menú. Deben actuar ya.

 Tras los escasos resultados de las últimas cumbres climáticas, la esperanza de romper el estancamiento mundial descansa ahora en las iniciativas de la Unión Europea, indica la ONGD InspirAction. “Quedan menos de 50 días antes de abrir de nuevo el proceso de negociación en Durban (Sudáfrica). Seguimos sin avances significativos, así que sólo nos queda instar a la Unión Europea a utilizar su poder para impulsar un mayor apoyo internacional para conseguir un segundo período del Protocolo de Kyoto, sin el cual el mundo quedaría avocado al caos climático, sin posibilidades de estabilizar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, indican desde InspirAction.

 El protocolo de Kyoto encarna el principio de justicia climática, la idea de que los países industrializados que más han contribuido a crear el problema del cambio climático tienen  una mayor responsabilidad a la hora de reducir sus emisiones y ayudar a los países más pobres a hacerle frente. No podemos esperar más: es hora de que Europa lidere un paso adelante en la negociación climática, sin esperar a que EE.UU. lo haga. “Por desgracia, no podemos esperar más. El resto del mundo tiene que moverse, con o sin EE.UU. Es necesario que Europa lidere el camino”
 No todo es negativo: cada vez existe una mayor certeza entre la opinión pública de que es hora de actuar. Los resultados de la nueva encuesta del Eurobarómetro indican  que los europeos consideran que el cambio climático es el segundo problema más serio que enfrenta el mundo hoy en día. La pobreza, el hambre y la falta de agua potable fueron elegidos como el problema más grave por un 28 por ciento de los encuestados, mientras que el cambio climático ha sido seleccionada por el 20 por ciento, seguido por la crisis económica (16 por ciento) y el terrorismo internacional (11 por ciento). La encuesta también muestra que en la UE, la mayor parte de la población considera a los gobiernos nacionales responsables de la lucha contra el cambio climático (41 por ciento de los encuestados), seguidos por la propia Unión Europea (35 por ciento) y el comercio y la industria (35 por ciento).

“Esperamos que los ministros de medio ambiente europeos tomarán nota de la preocupación de los ciudadanos por el cambio climático, y decidirán por fin hacerle frente. Mientras los países más ricos del mundo no lleguen a un acuerdo internacional sobre el clima, las personas que viven en la pobreza seguirán sufriendo el impacto de los fenómenos climáticos extremos”, afirma Isabel Ortigosa, responsable de incidencia de InspirAction.

 

Quememos la Tierra

20 oct

Queridos lectores,

El miércoles tuve una nueva charla, esta vez en el contexto de un debate sobre la crisis energética y el cambio climático organizado por la Coordinadora para la Salvaguarda del Montseny con motivo de su vigésimo quinto aniversario. Tuve la suerte y el honor de compartir la mesa con Sergi Saladié, de la Universitat Rovira i Virgili, y con Salvador Pueyo, del Instituto Catalán de Ciencias del Clima. El acto consistió en tres presentaciones de los tres ponentes, y después una ronda larga de preguntas de los asistentes y su ulterior discusión. Yo presenté un análisis rápido del estado de las diversas fuentes de energía y su interacción con la crisis económica y financiera; rápido, pero me extendí bastante más de los 25 minutos previstos. Sergi Saladié presentó un muy interesante, y también compacto, estudio sobre todas las incoherencias del sistema eléctrico español (y fue mucho más respetuoso con los límites de tiempo). Finalmente, Salvador Pueyo hizo una original presentación sobre la importancia del cambio climático incluso en una escenario de Peak Oil. La verdad es que no me lo esperaba, sobre todo por las muchas referencias que hizo a que un escenario de agotamiento de los combustibles fósiles no mermaba en absoluto la gravedad del cambio climático. Salva y yo nos conocemos desde hace ya algún tiempo y por supuesto sabía de qué iba a hablar yo; por otro lado, Salva ha participado en diversas actividades vinculadas al peak oil y al decrecentismo y conoce perfectamente la realidad y gravedad de la amenaza que supone La Gran Escasez. Sin embargo, tengo la impresión de que la realidad cada vez más palpable de la escasez energética le hizo ver como necesario defender la importancia del trabajo que desarrollan en su instituto (y que, por cierto, también es una actividad importante en el mío).


La cuestión no es menor. Es conocido que los escenarios de referencia del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) se basan en un aumento de las emisiones de CO2 siguiendo escenarios en los que se consume tanto combustible fósil como es requerido por la demanda, pero sabemos que eso simplemente no es posible, ya que todos los combustibles fósiles están muy cerca de su máxima producción, si no la han pasado ya. Desde hace algún tiempo el presidente de ASPO Internacional Kjell Aleklett critica la falta de realismo de los escenarios de emisiones del IPCC, y no le falta razón. ¿Quiere decir eso que el cambio climático es un problema del que ya no hace falta preocuparse? Pues no; en realidad, todo lo contrario.


Es completamente cierto que para tener una idea más clara de a qué riesgos nos enfrentamos el informe del IPCC debería hacer sus previsiones contemplando el decaimiento previsible de las emisiones de CO2. Recordemos, empero, que el IPCC no hace sus propios estudios, sino que compila el conocimiento científico según los estudios más recientes, más al día (aunque el IPCC sí que da recomendaciones sobre qué escenarios son representativos); por tanto, para que el informe del IPCC puede contemplar el efecto de la caída de emisiones este escenario tiene que ser un lugar común conocido por los climatólogos que las emisiones inexorablemente decaerán. Si ya sabemos qué problemas tenemos para hacer entender el Oil Crash a los ciudadanos y más específicamente a los científicos entenderemos que no vamos a llegar a ese punto de concienciación de manera rápida. Por otro lado, los escenarios de emisión necesitan un modelo económico detrás, el cual será mucho más complejo que lo que se suele tomar habitualmente, como ya hemos comentado en otras ocasiones; y eso enfrenta a los climatólogos con una complejidad que les es completamente ajena y que se les hace más difícil de integrar. Por tanto, los escenarios del IPCC todavía durante mucho tiempo no tendrán en cuenta, o lo harán de forma muy pobre, el declive energético. A pesar de esta limitación que nos acompañará durante algún tiempo sí que podemos conocer algunas de las cosas que nos cabe esperar de la evolución del clima.

En primer lugar, se ha de tener en cuenta el riesgo que supone ciertos efectos no lineales que pueden estar desencadenándose ya. Por ejemplo, la liberación de metano (un gas de efecto invernadero más potente que el CO2) por la fusión del permafrost en la tundra siberia y la inestabilización de los caltratos o hidratos de gas (de metano) en algunos fondos marinos – efectos ambos consecuencia del calentamiento de estos entornos. La liberación de estas grandes masas de metano acentuarían el efecto invernadero de una manera más rápida y potente que las meras emisiones de CO2, y nos recuerdan la urgencia de intentar reducir las mismas. Otro efecto no lineal que inevitablemente se desencadenará cuando no nos quede más remedio que quemar menos combustibles fósiles es que la atmósfera se volverá más transparente al estar más limpia y sentiremos con mayor fuerza el efecto invernadero a nivel de la superficie; es el problema de la debilitación del dimming o apantallamiento (si quieren saber más sobre este tema, tienen aquí una excelente referencia). Y a éstos y otros efectos no lineales conocidos tendríamos que añadirles otros desconocidos, todo lo cual, en estricta aplicación del principio de precaución nos debería llevar a profundizar en las políticas de reducción de emisiones de CO2. Por tanto, no hay demasiado margen para la confianza por aquí.


Aparte está mi convencimiento personal, como ya expresé en el acto del miércoles, que en tanto no cambiemos el sistema económico y llevemos la lógica del actual hasta sus últimas consecuencias tenderemos a quemar todo lo quemable simplemente para mantener la maquinaria industrial en marcha, simplemente para producir hasta el último iPad. En particular, es bastante evidente que países como España aspiran a usar sus reservas de carbón, única fuente fósil autóctona, para compensar la caída que llega; pero el carbón produce mucho más CO2 a igualdad de energía producida en la combustión, con lo que el declive de emisiones será más lento que el de la energía. Encima, recuperaremos el carbón vegetal como se usó históricamente, lo cual, si no se gestiona correctamente, puede llevar a arrasar una parte importante de la cubierta vegetal terrestre, la cual actúa como un sumidero de CO2 y retiene una parte substancial de este gas fuera de la atmósfera… hasta que quememos los árboles que contenían esos átomos de carbono. Y, desgraciadamente, éste es previsiblemente el camino que seguiremos.  

¿Qué conclusión debemos extraer de lo que acabamos de discutir? Que la lucha contra el cambio climático no puede esperar y que no es negociable.


Y sin embargo leía hoy en el blog Oil Man de Le Monde que la Unión Europea se está empezando a plantear si merece la pena continuar con la lucha contra el cambio climático si es la única región a hacerlo (pueden acceder al documento original de la Comisión por cortesía de Oil Man siguiendo este enlace; ver página 9). Planea sobre esta decisión a tomar la certeza de que la lucha contra el cambio climático supone un encarecimiento de los costes industriales y al final una pérdida de competitividad económica. Con la nueva recesión sobre nosotros, la última cosa que puede pretender nuestros líderes es agravarla estableciendo nuevas obligaciones para nuestro tejido productivo. Encima, coincide este debate con la presidencia polaca de la UE; es importante destacar que Polonia genera el 95% de su electricidad quemando carbón, el combustible que más CO2 genera por unidad de energía producida. En suma, que lo del cambio climático, tal y como lo ven nuestros líderes, es algo muy bonito pero poco práctico y se ha de supeditar a la recuperación imposible, a la quimera del crecimiento económico. Y si en el camino tenemos que quemar todo el planeta, lo haremos. Eso es lo que vamos a hacer si no paramos esta locura: quemar hasta la última molécula quemable de este planeta, como si fuera el tren de los hermanos Marx. Coja su antorcha. Abrasemos este planeta. Quememos la Tierra.



Salu2,
AMT

P. Data: Desde InspirAction me acaban de pedir justo hoy que dé publicidad al siguiente mensaje, cosa que seguidamente hago al ser relevante al post de hoy:

Con su “Menú para Durban” InspirAction lo deja claro: es hora de hacer frente al cambio climático. Porque si sigue avanzando, el menor de nuestros problemas será alimentarnos de insectos.

Paella de hormigas, sushi de saltamontes… ¿Tendremos que acostumbrarnos? En InspirAction creemos que los primeros que deberían probar ese menú son los líderes que tomarán decisiones en Durban. Tal vez así sean más conscientes del riesgo que corremos si no hacemos frente con determinación al cambio climático. Firma ahora la petición on line de InspirAction, y hazles saber que no estamos dispuestos a acostumbrarnos a ese menú. Deben actuar ya.

 Tras los escasos resultados de las últimas cumbres climáticas, la esperanza de romper el estancamiento mundial descansa ahora en las iniciativas de la Unión Europea, indica la ONGD InspirAction. “Quedan menos de 50 días antes de abrir de nuevo el proceso de negociación en Durban (Sudáfrica). Seguimos sin avances significativos, así que sólo nos queda instar a la Unión Europea a utilizar su poder para impulsar un mayor apoyo internacional para conseguir un segundo período del Protocolo de Kyoto, sin el cual el mundo quedaría avocado al caos climático, sin posibilidades de estabilizar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, indican desde InspirAction.

 El protocolo de Kyoto encarna el principio de justicia climática, la idea de que los países industrializados que más han contribuido a crear el problema del cambio climático tienen  una mayor responsabilidad a la hora de reducir sus emisiones y ayudar a los países más pobres a hacerle frente. No podemos esperar más: es hora de que Europa lidere un paso adelante en la negociación climática, sin esperar a que EE.UU. lo haga. “Por desgracia, no podemos esperar más. El resto del mundo tiene que moverse, con o sin EE.UU. Es necesario que Europa lidere el camino”
 No todo es negativo: cada vez existe una mayor certeza entre la opinión pública de que es hora de actuar. Los resultados de la nueva encuesta del Eurobarómetro indican  que los europeos consideran que el cambio climático es el segundo problema más serio que enfrenta el mundo hoy en día. La pobreza, el hambre y la falta de agua potable fueron elegidos como el problema más grave por un 28 por ciento de los encuestados, mientras que el cambio climático ha sido seleccionada por el 20 por ciento, seguido por la crisis económica (16 por ciento) y el terrorismo internacional (11 por ciento). La encuesta también muestra que en la UE, la mayor parte de la población considera a los gobiernos nacionales responsables de la lucha contra el cambio climático (41 por ciento de los encuestados), seguidos por la propia Unión Europea (35 por ciento) y el comercio y la industria (35 por ciento).

“Esperamos que los ministros de medio ambiente europeos tomarán nota de la preocupación de los ciudadanos por el cambio climático, y decidirán por fin hacerle frente. Mientras los países más ricos del mundo no lleguen a un acuerdo internacional sobre el clima, las personas que viven en la pobreza seguirán sufriendo el impacto de los fenómenos climáticos extremos”, afirma Isabel Ortigosa, responsable de incidencia de InspirAction.

 

Quememos la Tierra

20 oct

Queridos lectores,

El miércoles tuve una nueva charla, esta vez en el contexto de un debate sobre la crisis energética y el cambio climático organizado por la Coordinadora para la Salvaguarda del Montseny con motivo de su vigésimo quinto aniversario. Tuve la suerte y el honor de compartir la mesa con Sergi Saladié, de la Universitat Rovira i Virgili, y con Salvador Pueyo, del Instituto Catalán de Ciencias del Clima. El acto consistió en tres presentaciones de los tres ponentes, y después una ronda larga de preguntas de los asistentes y su ulterior discusión. Yo presenté un análisis rápido del estado de las diversas fuentes de energía y su interacción con la crisis económica y financiera; rápido, pero me extendí bastante más de los 25 minutos previstos. Sergi Saladié presentó un muy interesante, y también compacto, estudio sobre todas las incoherencias del sistema eléctrico español (y fue mucho más respetuoso con los límites de tiempo). Finalmente, Salvador Pueyo hizo una original presentación sobre la importancia del cambio climático incluso en una escenario de Peak Oil. La verdad es que no me lo esperaba, sobre todo por las muchas referencias que hizo a que un escenario de agotamiento de los combustibles fósiles no mermaba en absoluto la gravedad del cambio climático. Salva y yo nos conocemos desde hace ya algún tiempo y por supuesto sabía de qué iba a hablar yo; por otro lado, Salva ha participado en diversas actividades vinculadas al peak oil y al decrecentismo y conoce perfectamente la realidad y gravedad de la amenaza que supone La Gran Escasez. Sin embargo, tengo la impresión de que la realidad cada vez más palpable de la escasez energética le hizo ver como necesario defender la importancia del trabajo que desarrollan en su instituto (y que, por cierto, también es una actividad importante en el mío).


La cuestión no es menor. Es conocido que los escenarios de referencia del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) se basan en un aumento de las emisiones de CO2 siguiendo escenarios en los que se consume tanto combustible fósil como es requerido por la demanda, pero sabemos que eso simplemente no es posible, ya que todos los combustibles fósiles están muy cerca de su máxima producción, si no la han pasado ya. Desde hace algún tiempo el presidente de ASPO Internacional Kjell Aleklett critica la falta de realismo de los escenarios de emisiones del IPCC, y no le falta razón. ¿Quiere decir eso que el cambio climático es un problema del que ya no hace falta preocuparse? Pues no; en realidad, todo lo contrario.


Es completamente cierto que para tener una idea más clara de a qué riesgos nos enfrentamos el informe del IPCC debería hacer sus previsiones contemplando el decaimiento previsible de las emisiones de CO2. Recordemos, empero, que el IPCC no hace sus propios estudios, sino que compila el conocimiento científico según los estudios más recientes, más al día (aunque el IPCC sí que da recomendaciones sobre qué escenarios son representativos); por tanto, para que el informe del IPCC puede contemplar el efecto de la caída de emisiones este escenario tiene que ser un lugar común conocido por los climatólogos que las emisiones inexorablemente decaerán. Si ya sabemos qué problemas tenemos para hacer entender el Oil Crash a los ciudadanos y más específicamente a los científicos entenderemos que no vamos a llegar a ese punto de concienciación de manera rápida. Por otro lado, los escenarios de emisión necesitan un modelo económico detrás, el cual será mucho más complejo que lo que se suele tomar habitualmente, como ya hemos comentado en otras ocasiones; y eso enfrenta a los climatólogos con una complejidad que les es completamente ajena y que se les hace más difícil de integrar. Por tanto, los escenarios del IPCC todavía durante mucho tiempo no tendrán en cuenta, o lo harán de forma muy pobre, el declive energético. A pesar de esta limitación que nos acompañará durante algún tiempo sí que podemos conocer algunas de las cosas que nos cabe esperar de la evolución del clima.

En primer lugar, se ha de tener en cuenta el riesgo que supone ciertos efectos no lineales que pueden estar desencadenándose ya. Por ejemplo, la liberación de metano (un gas de efecto invernadero más potente que el CO2) por la fusión del permafrost en la tundra siberia y la inestabilización de los caltratos o hidratos de gas (de metano) en algunos fondos marinos – efectos ambos consecuencia del calentamiento de estos entornos. La liberación de estas grandes masas de metano acentuarían el efecto invernadero de una manera más rápida y potente que las meras emisiones de CO2, y nos recuerdan la urgencia de intentar reducir las mismas. Otro efecto no lineal que inevitablemente se desencadenará cuando no nos quede más remedio que quemar menos combustibles fósiles es que la atmósfera se volverá más transparente al estar más limpia y sentiremos con mayor fuerza el efecto invernadero a nivel de la superficie; es el problema de la debilitación del dimming o apantallamiento (si quieren saber más sobre este tema, tienen aquí una excelente referencia). Y a éstos y otros efectos no lineales conocidos tendríamos que añadirles otros desconocidos, todo lo cual, en estricta aplicación del principio de precaución nos debería llevar a profundizar en las políticas de reducción de emisiones de CO2. Por tanto, no hay demasiado margen para la confianza por aquí.


Aparte está mi convencimiento personal, como ya expresé en el acto del miércoles, que en tanto no cambiemos el sistema económico y llevemos la lógica del actual hasta sus últimas consecuencias tenderemos a quemar todo lo quemable simplemente para mantener la maquinaria industrial en marcha, simplemente para producir hasta el último iPad. En particular, es bastante evidente que países como España aspiran a usar sus reservas de carbón, única fuente fósil autóctona, para compensar la caída que llega; pero el carbón produce mucho más CO2 a igualdad de energía producida en la combustión, con lo que el declive de emisiones será más lento que el de la energía. Encima, recuperaremos el carbón vegetal como se usó históricamente, lo cual, si no se gestiona correctamente, puede llevar a arrasar una parte importante de la cubierta vegetal terrestre, la cual actúa como un sumidero de CO2 y retiene una parte substancial de este gas fuera de la atmósfera… hasta que quememos los árboles que contenían esos átomos de carbono. Y, desgraciadamente, éste es previsiblemente el camino que seguiremos.  

¿Qué conclusión debemos extraer de lo que acabamos de discutir? Que la lucha contra el cambio climático no puede esperar y que no es negociable.


Y sin embargo leía hoy en el blog Oil Man de Le Monde que la Unión Europea se está empezando a plantear si merece la pena continuar con la lucha contra el cambio climático si es la única región a hacerlo (pueden acceder al documento original de la Comisión por cortesía de Oil Man siguiendo este enlace; ver página 9). Planea sobre esta decisión a tomar la certeza de que la lucha contra el cambio climático supone un encarecimiento de los costes industriales y al final una pérdida de competitividad económica. Con la nueva recesión sobre nosotros, la última cosa que puede pretender nuestros líderes es agravarla estableciendo nuevas obligaciones para nuestro tejido productivo. Encima, coincide este debate con la presidencia polaca de la UE; es importante destacar que Polonia genera el 95% de su electricidad quemando carbón, el combustible que más CO2 genera por unidad de energía producida. En suma, que lo del cambio climático, tal y como lo ven nuestros líderes, es algo muy bonito pero poco práctico y se ha de supeditar a la recuperación imposible, a la quimera del crecimiento económico. Y si en el camino tenemos que quemar todo el planeta, lo haremos. Eso es lo que vamos a hacer si no paramos esta locura: quemar hasta la última molécula quemable de este planeta, como si fuera el tren de los hermanos Marx. Coja su antorcha. Abrasemos este planeta. Quememos la Tierra.



Salu2,
AMT

P. Data: Desde InspirAction me acaban de pedir justo hoy que dé publicidad al siguiente mensaje, cosa que seguidamente hago al ser relevante al post de hoy:

Con su “Menú para Durban” InspirAction lo deja claro: es hora de hacer frente al cambio climático. Porque si sigue avanzando, el menor de nuestros problemas será alimentarnos de insectos.

Paella de hormigas, sushi de saltamontes… ¿Tendremos que acostumbrarnos? En InspirAction creemos que los primeros que deberían probar ese menú son los líderes que tomarán decisiones en Durban. Tal vez así sean más conscientes del riesgo que corremos si no hacemos frente con determinación al cambio climático. Firma ahora la petición on line de InspirAction, y hazles saber que no estamos dispuestos a acostumbrarnos a ese menú. Deben actuar ya.

 Tras los escasos resultados de las últimas cumbres climáticas, la esperanza de romper el estancamiento mundial descansa ahora en las iniciativas de la Unión Europea, indica la ONGD InspirAction. “Quedan menos de 50 días antes de abrir de nuevo el proceso de negociación en Durban (Sudáfrica). Seguimos sin avances significativos, así que sólo nos queda instar a la Unión Europea a utilizar su poder para impulsar un mayor apoyo internacional para conseguir un segundo período del Protocolo de Kyoto, sin el cual el mundo quedaría avocado al caos climático, sin posibilidades de estabilizar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, indican desde InspirAction.

 El protocolo de Kyoto encarna el principio de justicia climática, la idea de que los países industrializados que más han contribuido a crear el problema del cambio climático tienen  una mayor responsabilidad a la hora de reducir sus emisiones y ayudar a los países más pobres a hacerle frente. No podemos esperar más: es hora de que Europa lidere un paso adelante en la negociación climática, sin esperar a que EE.UU. lo haga. “Por desgracia, no podemos esperar más. El resto del mundo tiene que moverse, con o sin EE.UU. Es necesario que Europa lidere el camino”
 No todo es negativo: cada vez existe una mayor certeza entre la opinión pública de que es hora de actuar. Los resultados de la nueva encuesta del Eurobarómetro indican  que los europeos consideran que el cambio climático es el segundo problema más serio que enfrenta el mundo hoy en día. La pobreza, el hambre y la falta de agua potable fueron elegidos como el problema más grave por un 28 por ciento de los encuestados, mientras que el cambio climático ha sido seleccionada por el 20 por ciento, seguido por la crisis económica (16 por ciento) y el terrorismo internacional (11 por ciento). La encuesta también muestra que en la UE, la mayor parte de la población considera a los gobiernos nacionales responsables de la lucha contra el cambio climático (41 por ciento de los encuestados), seguidos por la propia Unión Europea (35 por ciento) y el comercio y la industria (35 por ciento).

“Esperamos que los ministros de medio ambiente europeos tomarán nota de la preocupación de los ciudadanos por el cambio climático, y decidirán por fin hacerle frente. Mientras los países más ricos del mundo no lleguen a un acuerdo internacional sobre el clima, las personas que viven en la pobreza seguirán sufriendo el impacto de los fenómenos climáticos extremos”, afirma Isabel Ortigosa, responsable de incidencia de InspirAction.