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Saldando cuentas con la Naturaleza

02 dic
Imagen de The Daily Mail: dailymail.co.uk

Queridos lectores,

Un compañero de mi laboratorio realiza de tanto en tanto campañas oceanográficas en la Antártida. Hace un par de años tuvo la ocasión de coincidir con sus antiguos camaradas en un entorno que había visitado más de 20 años atrás. Al volver me contó muchas anécdotas de su viaje, de cómo había visto su viejo buque de investigación oceanográfica, los colegas que aún embarcan allí… Después se quedó pensativo y me dijo: “Sabes, lo peor no es que cada vez haya más mar libre. Hace 20 años los icebergs eran blancos; ahora son azules”. Yo dije: “Ya”, y los dos callamos. El color del hielo está relacionado con la cantidad de aire que está atrapado en su interior; a medida que el hielo queda atrapado a más profundidad y está más apretado, el aire escapa y el hielo se vuelve cada vez más azul. Esos icebergs que había visto mi colega eran de hielo viejo, posiblemente muy viejo, hielo que no había visto la luz del sol desde hacía mucho tiempo, siglos quizá. Trabajando donde trabajo me resulta muy chocante oír el porfiado griterío del negacionismo del cambio climático, ya que día sí y día también mis compañeros me explican anécdotas de sus campañas de trabajo o las de sus colegas próximos, con una cobertura prácticamente global: que si los caltratos de los fondos marinos se están evaporando en ciertos lugares, que si las especies de peces e insectos tropicales se están desplazando hacia latitudes más altas, que si en ciertas especies de peces en las que la temperatura determina el sexo se observa una desproporción de hembras, que si las temperaturas observadas en el Polo Norte y Groenlandia superan en 8ºC de manera consistente la media del siglo XX, que si la mayoría de los glaciares de Groenlandia están acelerando su débito de hielo al tiempo que el frente del glaciar retrocede, que si la capa de hielo del Ártico es cada vez más fina, que si comienza a haber tierra no cubierta de hielo en la Antártida durante el verano austral… Y eso sin contar con efectos más sutiles como el aumento de evaporación y su posiblemente correlado aumento de eventos extremos (precipitaciones más intensas en ciertos lugares y, paradójicamente, sequías más pronunciadas en otros, según los caprichos de la circulación general de la atmósfera). Si hay algo evidente es que se está produciendo un cambio del clima rápido y a gran escala, de una amplitud mayor de lo que los registros del último millón de años nos muestran (quitando las glaciaciones, que son de sentido contrario) y -por más que neciamente insistan en ello los negacionistas- decorrelado de los ciclos de actividad solar.


Comenta Ugo Bardi que ciertos efectos indeseados de la actividad industrial dejan un pesado lastre a la sociedad, en forma de contaminación -entendida ésta en un sentido amplio, como ahora explicaré. Ese lastre es al principio ligero, irrelevante, y la sociedad puede fácilmente hacerle frente, la mayoría de las veces simplemente ignorándolo. Sin embargo, su efecto es generalmente acumulativo, con lo que su presencia acaba siendo generalizada y al final la sociedad ha de ir destinando recursos crecientes simplemente para mantenerlo a raya. Para el momento en que la sociedad entra en una fase de declive energético causada por la llegada del Peak Oil y del Peak Everything (la Gran Escasez) la contención de los efectos de esa contaminación es una necesidad literalmente vital, pero en ese momento la escasez de recursos pone a la sociedad delante de un cruel dilema: o destina recursos a remediar -más bien, paliar- el desastre anterior y entonces disminuye aún más su capacidad productiva, o bien ignora el problema de la contaminación como ha hecho siempre y entonces éste, de proporciones ya gigantescas, se cobra su peaje de vidas humanas e infraestructuras destruidas. En cualquiera de los dos casos, el resultado es un declive de la sociedad más abrupto de lo que se habría anticipado por el propio declive que predicen los modelos de agotamiento de recursos. Es lo que Bardi denomina Efecto Séneca. La consecuencia más inmediata del efecto Séneca es que el colapso de la sociedad es mucho más probable de lo que uno podría anticipar, sobre teniendo en cuenta que el discurso implícito de nuestra sociedad es que las cuestiones medioambientales son secundarias. Aquí es conveniente hacer una aclaración: es verdad que nuestros líderes se llenan la boca con la necesidad de respetar el medio ambiente, la bandera de lo cual es actualmente la lucha contra el cambio climático; del mismo modo, nuestros medios de comunicación repiten también machaconamente que tenemos que proteger el medio ambiente y promueven campañas de concienciación, basadas en pequeños gestos en pro del medio ambiente. Lo cual está muy bien, pero es largamente insuficiente para lo que se tendría que hacer. Sin embargo, cuando se llega al momento de ponerse serios, cuando se deberían de tomar las medidas drásticas y decidir, por ejemplo, reducir drásticamente el volumen de emisiones de CO2, entonces los discursos se llenan de frases huecas y al final no se hace nada. ¿Por qué? Ya se explicó en el post anterior: por cortoplacismo, por temor a comprometer el crecimiento económico que es el sanctasanctórum de la agenda política. Por eso la  cumbre de Durban será un nuevo fracaso. A una escala más doméstica, cuando hablas con empresarios, incluso con gente de la calle, a veces llegan a verbalizar explícitamente lo que es un sentir de gran parte de la población: “Sí, está muy bien eso de tener pajaritos y florecitas, el medio ambiente y todo eso, pero lo primero es tener para comer, ¿sabes?, y la economía es la base de todo”. El sentir popular es que la preservación del medio ambiente no es una lucha tan vital, del mismo modo que tampoco se percibe la urgencia de superar nuestra dependencia de los recursos no renovables, y en buena parte eso pasa por el mismo motivo: porque no tiene un reflejo inmediato, aquí y ahora, en nuestras condiciones de vida. Nuestra estrategia animal como especie y como individuo nos lleva a fijarnos en los peligros concretos y actuales, esperando para reaccionar a los peligros futuros a que se hagan presentes, sin intentar entender que para cuando llamen a nuestra puerta su magnitud nos desbordará y engullirá. ¿Quiere esto decir que no hay salvación, que el cortoplacismo es un determinante de nuestra conducta y que es imposible que actuemos de otra manera? No. Nuestro cortoplacismo es un resultado lógico de nuestra psique animal, de nuestro comportamiento instintivo; sin embargo, somos seres racionales y como tales podemos superar nuestros impulsos irracionales y sentar las bases para hacer las cosas correctamente. Lo que hace falta es conocer los hechos y afrontarlos serenamente y sin prejuicios. Y como la mejor manera de aprender es por la virtud del ejemplo, expondré seguidamente algunos ejemplos de los costes naturales diferidos que se pueden volver irremontables en la época de escasez y que demandan nuestra atención preferente ya.

  • La gestión de los recursos nucleares, particularmente los de alta actividad. Lo comentamos al inicio de este blog, y también hemos hablado de ello el pasado miércoles en la radio. Como ya ha dejado claro tras la tragedia de Fukushima, las centrales nucleares albergan las barras de combustible usado típicamente en piscinas sometidas a refrigeración o bombeo constante mientras éstas van progresivamente enfriándose y esperando a que puedan ser manipuladas. Como el proceso que tiene lugar no es químico sino nuclear, nuestra experiencia del día a día no vale; las cantidades de energía implicadas son enormes y su latencia inverosímil: hacen falta típicamente unos cinco años para que esas barras gastadas puedan comenzar a ser manipuladas, tal es el calor y la radiación que desprenden. Pero eso no quiere decir que ya estén frías: aún deberán de refrigerarse durante varias décadas más, típicamente unos 60 años, antes de poder confinarse en una contención sólida definitiva y sin refrigeración. Está claro que un almacén de residuos de estas características es una instalación que tiene un considerable consumo energético y que requiere una monitorización constante y especializada. Dada la situación de degradación económica que estamos viviendo, y el inevitable descenso energético que se irá acentuando cada vez más, es legítimo poner en duda que se pueda mantener estas instalaciones no productivas operativas por demasiado tiempo. Recuerden que sólo en petróleo en los próximos 10 años se tienen que poner en producción 4 Arabias Sauditas, unos 36 Mb/d, que el gas estará próximo a su cenit, que el carbón posiblemente ya lo habrá superado y que el uranio probablemente también. Y eso a 10 años vista; ¿qué no habrá pasado no ya dentro de los 60 años de “enfriamiento” nuclear, sino de 30? A otro nivel de requerimiento energético están los almacenes permanentes de residuos de media y baja actividad, y los residuos de alta actividad cuando ya no estén tan calientes. ¿Cómo se podrá garantizar su perfecta contención durante los muchos siglos que se tiene que esperar antes de que dejen de ser peligrosos? ¿Quién se encargará de cambiar los bidones cuando sea necesario por el paso del tiempo y la corrosión, en parte generada por los propios residuos? Resulta evidente que en algún punto las actividades relacionadas con la gestión de los residuos cesarán, y éstos serán abandonados a su suerte. A partir de ahí comenzará un proceso, lento en el caso de los residuos fríos, bastante más rápido en el caso de los calientes, de dispersión y contaminación; los residuos llegarán al acuífero y a áreas de tierra circundantes, contaminándolas. Ello no significa que la vida cese por completo en esas zonas (el nivel de radiación no será tan alto como para esterilizarlas) pero sí que la vida será más corta en general y amenazada por tumores e intoxicaciones. El alcance de esta contaminación dependerá del tipo de residuos y cómo colapse la instalación de contención, pero fácilmente el área severamente comprometida será de varios kilómetros a la redonda. En este sentido, es probable que muchas centrales nucleares actualmente en uso acaben por ser abandonadas a su suerte tras dejar de ser operativas, con lo que también se las ha de contar como posibles almacenes fallidos y contaminantes. Mención especial merecen aquí las centrales gravemente afectadas por un accidente nuclear, como la de Chernóbil en Ucrania (donde se está construyendo actualmente un segundo sarcófago de contención, habiendo fallado estructuralmente ya el anterior) o los tres reactores colapsados de la central de Fukushima en Japón. Las tareas de contención de estos reactores fallidos parecen ser muy intensivas en medios -en el caso de Chernóbil, dos grandes estructuras de hormigón en 25 años, más todas las tareas de descontaminación y vigilancia adicionales-, y en este caso su no contención implica una contaminación de las más nocivas en el área circundante. También conviene destacar que la propia gestión de las armas nucleares (esos miles de cabezas atómicas que están repartidas por el ancho globo) puede presentar problemas importantes en caso de un grave colapso societario; yo anticipo que un escenario probable – a décadas vista, eso sí- sería el desmantelamiento de los misiles para aprovechar el combustible propulsor y el almacenamiento de las cabezas en algún almacén militar; pero poco a poco el coste de ir reemplazando las contenciones puede ser muy prohibitivo. En todos los casos, además, se tendrá que contar con personal y equipamiento especializados, cada vez más caros de conseguir en un entorno de declive energético y económico. En suma, los costes crecientes de todas estas instalaciones permiten aventurar que su abandono al menos parcial es prácticamente inevitable, con lo que extensas áreas productivas de muchos países quedarán finalmente arrasadas, haciendo el declive más rápido de lo previsto.
  • La gestión del agua: Los problemas de contaminación ambiental son bastante graves, y todos requieren sistemas de monitorización y paliación para evitar tener un impacto no sólo social, sino económico, en nuestra sociedad. Destaca en particular el tratamiento del agua, ya que es el agua es un vehículo para la dispersión de sustancias a gran escala y un perfecto vector para su entrada directa o indirecta en el organismo de las personas. Nuestros sistemas de potabilización de agua para el consumo humano y para el riego de vegetales requiere grandes cantidades de energía, en parte porque fruto de nuestra actividad industrial nuestros ríos están más contaminados y se tiene que realizar una especial vigilancia y tratamiento para eliminar sustancias tóxicas antes de que lleguen a cualquier punto de la cadena trófica, y no sólo al agua de beber. Problemas recurrentes de contaminación del agua son la presencia de arsénico por sobreexplotación de acuíferos, de metales pesados como el cadmio, cinc, plomo y mercurio por la actividad industrial, de purines por la actividad ganadera, de dioxinas de diversa procedencia, y la ya de por sí natural de bacterias y otras sustancias. Tratar el agua antes y después del consumo es hoy en día una tarea compleja que requiere instalaciones especializadas, intensivas en capital, en reactivos químicos y, cómo no, en energía. Ya en la situación actual de estrechez económica hay una cierta tendencia al descuido de una parte de este tratamiento de aguas, típicamente el de aguas residuales, como comentamos en una ocasión anterior en el caso de España. A medida que el declive energético vaya dejando menos recursos energéticos disponibles, se exigirá mayores pagos a la población hasta que en un momento esos servicios dejarán de ser prestados a escala masiva. El no tratamiento del agua multiplicará los problemas de salud de la población, que en ocasiones serán muy graves, lo cual obligará a desviar otros recursos al tratamiento de los enfermos y disminuirá la mano de obra disponible. Debido a la concentración de problemas alrededor de las instalaciones industriales, grandes ciudades y poblaciones muy industrializadas se verán especialmente amenazadas por este problema, lo cual seguramente comportará una creciente sensación de insalubridad por vivir en esos lugares y que una parte creciente de la población los abandone, precipitando el declive de la sociedad.
  • Efectos directamente asociados al cambio climático: Lo que suele pensar la gente en este capítulo es en la subida del mar, o eventualmente en fenómenos extremos (sequías prolongadas, temperaturas letales en el verano, huracanes en latitudes medias, tormentas devastadoras,…). Todo lo cual es posible pero no es necesariamente lo que más pronto pueda llevar a un “efecto Séneca”. Hay, sin embargo, una miríada de otros efectos sutiles, realizables en escalas más cortas de tiempo, que pueden convertir grandes extensiones de la Tierra en poco aptas para la vida humana, al menos en la extensión actual, y de una manera bastante más prosaica. Uno de esos efectos son la subida a mayores latitudes de insectos propios de climas más tropicales. Muchos de esos insectos son vectores de enfermedades inauditas en nuestros predios, no sólo las humanas, también las animales: infinidad de virus, bacterias, hongos y parásitos diversos para los que la aglomeración de hombres y bestias de la que somos tan pródigos puede ser el equivalente a acercar la paja a la llama. Algunas de estas plagas no tienen porqué afectar a hombres y ganado, sino a sus pastos: al haber reducido la diversidad genética de nuestros sembrados la hemos hecho más vulnerable a agentes que no son habituales por aquí, pero que podrían comenzar a serlo. ¿Creen que exagero? ¿Han oído hablar del hongo que está destrozando los cultivos de trigo en África y que avanza poco a poco hacia el norte? ¿Y de la emergencia de nuevos insectos resistentes a las cepas de maíz insecticidas de Monsanto? Otro de esos efectos sutiles es algunas alteraciones climáticas regionales nada espectaculares pero determinantes para la viabilidad agrícola de ciertos territorios. Por ejemplo en Europa, la constatada disminución del caudal de la Corriente del Golfo que transcurre por el Atlántico Norte evidencia que este flujo de agua caliente podría acabar por detenerse. Si eso acaba sucediendo Europa se volvería más seca y más fría, con lo que la agricultura europea vería reducir sensiblemente su rendimiento. Y, como digo, éstos son sólo un par de la miríada de efectos nocivos que van a complicar nuestra existencia en las próximas décadas y contra los cuales no podremos oponer la potencia magnífica que nos proporcionaron los combustibles fósiles.
  • Erosión del suelo y pérdida de suelo cultivable: El modelo de agricultura extensiva  que se ha practicado durante años nos ha llevado en muchos aspectos a un callejón sin salida. Algunos estudios apuntan a que la agricultura industrial que practicamos acaba a la larga rindiendo menos que cultivos con técnicas más tradicionales (un reciente estudio de Naciones Unidas afirma que la agricultura ecológica podría rendir hasta el doble que la industrial). De hecho uno de los graves problemas de la agricultura industrial es el abuso de fertilizantes y del laboreo de la tierra. El fertilizante en exceso va a parar al acuífero y a los ríos, contaminando amplias zonas e incluso generando zonas muertas en el mar por culpa de la eutrofización;  y  el exceso de laboreo deja expuesta capas de terreno fértil que pueden ser arrastradas por el viento. La realidad es que la zona fértil de la tierra de labor tiene en la mayoría del planeta unos cuantos centímetros de espesor, y que regenerar un par de esos centímetros lleva alrededor de un siglo de depósito natural de materia orgánica, pero nosotros lo estamos erosionando y degradando mucho más deprisa. Lo normal sería evitar sobre-laborear las tierras cultivadas para no reducir su fertilidad, pero con el aporte de los fertilizantes naturales la estrategia del laboreo intensivo era muy rentable. El problema es que tras décadas de estas prácticas amplias zonas de EE.UU. y del Reino Unido tienen un suelo cultivable que es como una esponja: están desprovistos de nutrientes naturales y sólo sirven si se añaden fertilizantes artificiales. Fertilizantes los nitrogenados que se sintetizan a partir del gas natural y los fosfatos que se derivan de la roca de fosfato, la cual superó pico extractivo hace años (peak phosphorus). Sin suficientes insumos materiales y energéticos el rendimiento agrícola caerá drásticamente, especialmente en aquellas tierras que ya sin aporte extra no funcionan; y careciendo de la capacidad de mantener una población alimentada ésta se desbandará (la cuestión obviamente es a dónde). Como parece que nunca se puede evitar estar peor, resulta que también se ha abusado de los recursos hídricos en muchos entornos, siempre en pos de los rendimientos crecientes; lo cual puede traer épocas de aciago recuerdo y cuyas lecciones parecen haberse olvidado, como el Dust Bowl. No es una exageración: algunos granjeros de EE.UU. denuncian que el actual modelo de explotación podría llevar a un nuevo Dust Bowl, como si una maldición bíblica nos llevara a repetir el escenario de los años 30 del siglo pasado tanto en lo económico como en lo ambiental. Sólo que esta vez el problema se reproduciría en muchos puntos del Globo, como por ejemplo en Arabia Saudita.
  • Gestión no renovable de los recursos renovables: Porque aunque pueda parecer paradójico, un recurso renovable puede agotarse si se explota de manera desmesurada (sobreexplotación). La gente percibe intuitivamente este problema cuando se trata de un bosque (si lo talamos más rápido de lo que crecen los árboles acabaremos por arrasarlo), pero es un problema generalizado: pescamos peces más rápido de lo que se reproducen (ya hemos comentado que a ritmos de pesca actual exterminaríamos todos los peces de todos los mares entre 2030 y 2050), talamos bosques para hacer nuevos cultivos, abusamos del agua de acuíferos, ríos y pantanos, etc. De hecho, es bastante difícil saber a priori si una escala concreta de explotación de un recurso será sostenible o no; por ejemplo, cuánta biomasa se puede detraer de un bosque o área, sobre todo teniendo en cuenta que procesos como la deprivación de fósforo son lentos y no son siempre evidentes. En todo caso, hay siempre un límite máximo de explotación si no queremos degradar y eventualmente destruir un recurso renovable. Pero escaseando los recursos no renovables, mientras se mantenga el Business as Usual lo natural es quemar todo lo quemable, sin importar el futuro; eso precipitará la caída, a la Séneca, puesto que la respuesta de los recursos renovables no estará a la altura de nuestras expectativas, creadas en la época dorada de los combustibles fósiles.

Nada de todo esto es nuevo. El añorado Quim ya se refería a este problema en su post “Sucedió en 1980“, en el cual comentaba un artículo de la prestigiosa Proceeding of the National Academy of Sciences, que lleva por título “Tracking the ecological overshoot of the human economy“, por Mathis Wackernage y sus colaboradores. La gráfica lo dice todo: desde 1980 no tenemos suficiente planeta Tierra para mantener nuestro ritmo de vida.










Se puede resumir esta historia con conceptos inteligibles para los economistas:  hemos pasado de vivir de las rentas de la Tierra a vivir de su capital. Lógicamente esta situación no puede durar indefinidamente, y de alguna manera el efecto Séneca lo que refleja es la necesidad de saldar esa deuda que hemos acumulado. Porque de nuevo se trata de un problema de deuda: hemos tomando prestado del futuro para vivir mejor el presente, sin importarnos cargar las consecuencias sobre las generaciones futuras. La misma lógica de la burbuja financiera pero sobre una escala temporal mayor. Por tanto, el déficit ecológico es la versión en el mundo de los recursos del problema de la deuda, y el efecto Séneca viene a ser el defaulting sobre la deuda ecológica.


Por supuesto las cosas no tienen por qué tomar el peor curso posible, pero lo que sí que está claro y es lo que evidencia el efecto Séneca es que cuando más tardemos en ponernos manos a la obra menos recursos tendremos y más nos costará. El cortoplacismo analizado en el post anterior explica por qué estos temas no son tomados en consideración, ya que el objetivo es crecer a toda costa aún cuando despilfarremos. Otra cosa importante es que si contabilizásemos correctamente estos costes futuros se vería que preservar el medio ambiente y combatir las externalidades es, en realidad, un buen negocio, incluso desde el punto de vista financiero ya que ahorra costes futuros, los cuales no sólo serán crecientes en absoluto, sino que lo serán mucho más relativos a unos PIBs que no pueden crecer sino caer, ya que esta crisis no acabará nunca.

Salu2,
AMT

 

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  1. forrest gump

    diciembre 5, 2011 at 8:05 am

    @Antonio, LC & Juan Carlos Barba

    Gracias por vuestras amables aportaciones. Pero, a la espera de que Antonio me dé los adecuados pescozones (eso sí, cariñosos) que me debe y que seguro que merezco, he de deciros, desde el atrevimiento de mi (relativa) ignorancia sobre el tema climático, que lo que no puede ser es que me "amenacéis", al mismo tiempo, digamos que con el "frío" y con el "calor".

    ¿Qué quiero decir con ello? Lo resumo: ¿la falta de hielo "fundible" y fundido en el Ártico detendrá en el futuro la corriente de marras y, al mismo tiempo, el incremento de hielo que se funde en la actualidad en esas latitudes también la está deteniendo? Aquí hay algo que no cuadra, no me digáis que no, no pueden ser las dos cosas al mismo tiempo.

    Y bueno, ya me hago cargo que hace, digamos, unos 300 ó 500 millones de años difícilmente podría existir la actual corriente del Golfo, porque, al estar entonces aún unidos (o prácticamente unidos) todos los continentes en la primigenia Pangea, ¿por dónde iba a poder transcurrir tal corriente? Hasta ahí llego, je, je ;-) , pero lo que yo quería poner de relieve es que, si algo hay realmente imposible, es que no siga habiendo circulación "ordenada" de masas de agua en forma de corrientes que surquen, en función de la configuración continental del momento, nuestro hermoso Planeta por aquí y por allá mientras no se congelen del todo sus mares, porque siempre estarán más frías las aguas polares que no las ecuatoriales, como ya mencioné.

    saludos cordiales, y para el master blog o como se diga, también un abrazo.
    forrest gump.

     
  2. ZZR

    diciembre 6, 2011 at 4:13 am

    @AMT: Antonio, primero que nada gracias por responder.

    A pesar de que algunas de tus aclaraciones me parecen más adecuadas, hay ciertos aspectos en los que seguimos discrepando.

    - Si bien la distinción entre 60 o 47 años (o muchos menos en ciertos diseños como decía), no es particularmente relevante, sí lo es el hecho de que a medida que trascurre el tiempo (al ser exponencial la evolución del calor residual) el coste energético de refrigeración deja de ser significativo. En especial, a partir de unos 5 años ni siquiera es necesario mantener el combustible en la piscina para su refrigeración, sino que pueden utilizarse contenedores en seco refrigerados por convección natural del aire. De hecho, la piscina de combustible de una central nuclear que contenga el combustible irradiado de los últimos 20 años generará una potencia residual de aproximadamente 1 MW, del cual una parte sustancial corresponderá a la del tercio de núcleo descargado en la última recarga. Para un sistema de refrigeración que tenga un salto térmico de 20ºC, el caudal necesario para disipar esa potencia será de unos 12 litros/s. Si las pérdidas de carga no son elevadas no son necesarias presiones significativas, por lo que el consumo energético para ello es muy reducido.

    - Precisamente en el caso de Fukushima no es demasiado buen ejemplo del problema que comentas sobre las piscinas de combsutible, pues a pesar de las dudas iniciales sobre la causa de la explosión de hidrógeno en la unidad 4, se comprobó posteriormente que los problemas no se originaron en la piscina, y que los elementos de combustible almacenados se mantuvieron sumergidos a pesar de requerirse más de 9 días hasta las primeras actuaciones de intento de aspersión de agua sobre las piscinas, y muchos más hasta restablecer la refrigeración adecuadamente. Es particularmente significativo que la unidad número 4 se encontraba en parada de mantenimiento desde hacía unos 3 meses, por lo que todo el combustible del núcleo se encontraba también en la piscina, añadiendo unos 2 MW más a la generación de calor al tratarse de combustible mucho más fresco. Evidentemente que es necesaria la refrigeración, pero ni resulta problemática una interrupción momentánea ni impone elevadas exigencias de energía. En una piscina típica con 1 MW de potencia residual sería necesario al menos 1 mes antes de que se evaporara la mitad del agua, lo que implicaría que la superficie de ésta aun estaría unos 2 metros por encima del combustible almacenado.

    Y sí que sería teóricamente posible aprovechar el calor residual, pero efectivamente los sistemas necesarios para implementarlo resultarían demasiado costosos y posiblemente las pérdidas proporcionalmente demasiado elevadas para los niveles de generación de calor que estamos considerando. Con ello no pretendía afirmar que no se genere calor, sino poner las magnitudes en perspectiva.

    (…)

     
  3. ZZR

    diciembre 6, 2011 at 4:14 am

    - En cuanto al hexafluoruro de uranio, o del uranio empobrecido en general, su caso es peculiar, ya que de hecho no es estrictamente un residuo radioactivo. Obviamente no se corresponde con la definición de residuo de baja o media actividad, pues seguirá igual tras 300 años, pero tampoco es un residuo de alta actividad. De hecho, es mucho menos radioactivo que el uranio natural original, no solo por la reducción en la proporción de U-235, sino porque no lo acompañan todos los descendientes de la cadena de desintegración del uranio que se generaron a lo largo de millones de años. Además sigue siendo un recurso energético y no un residuo, pues puede recuperarse aun más U-235 dependiendo del precio de extracción del uranio, y en especial si se aplican las nuevas técnicas de enriquecimiento por láser (SILEX). También se utiliza en otras aplicaciones, como lastre o contrapeso, como blindaje radioactivo y en aplicaciones militares, tanto en forma proyectiles como de blindaje para carros de combate. Aun así, tales aplicaciones no absorben la generación anual, por lo que si finalmente se considera como residuo y debe almacenarse podría hacerse conjuntamente con los residuos de alta actividad, presentando esto ciertas ventajas en cuanto a la mejora de seguridad y estabilidad a largo plazo de éstos, y eliminando asimismo los costes asociados a una gestión adicional específica. Está por ver qué acabará decidiéndose al respecto, o qué podrá hacerse en un escenario como el que contemplas, pero en todo caso el hexafluoruro no es un gas en condiciones normales, sino un sólido a menos de 56.5ºC, y su radiotoxicidad es también reducida, existiendo considerables mitos respecto a los peligros del uranio empobrecido a raíz de su utilización en la Guerra del Golfo y demás. De hecho en caso de accidente de algún tipo lo que resulta más peligrosa la posible generación de fluoruro de hidrógeno, pero que de hecho es un compuesto ampliamente utilizado en la industria petroquímica, por lo que tampoco corresponde a un riesgo específico relacionado con la industria nuclear.

    - El ejemplo de los sarcófagos me parece suficientemente relevante para poner en perspectiva las escalas de tiempo consideradas aunque la analogía no sea perfecta. Dado que los residuos almacenados se encuentran en estado sólido, el único peligro potencial para la salud sería que el agua atravesara en primer lugar las distintas barreras de ingeniería y posteriormente disolviera la matriz de hormigón y los residuos contenidos en ella (que no necesariamente presentan una elevada solubilidad), para luego viajar de nuevo a través de las barreras de ingeniería hacia el exterior hasta llegar a algún acuífero del que se utilice agua para el consumo humano. Todo ello en menos de 300 años y en cantidades considerables para que realmente pudiera suponer una diferencia perceptible respecto a la dosis natural. Tal situación resulta ciertamente muy inverosímil, pues si el agua pudiera hacer tal cosa con esa facilidad, disolvería también edificios, puentes y demás infraestructuras en períodos de tiempo relativamente cortos. Y puesto que los residuos de baja y media se gestionan básicamente a medida que se generan (habitualmente con unos pocos años de almacenamiento previo en las centrales nucleares), la mayoría de residuos generados de está forma se encuentran ya almacenados. En el panorama que planteas, a 300 años vista o antes, puede que no se tenga la capacidad de gestionarlos adecuadamente, pero tampoco de generarlos.

     
  4. ZZR

    diciembre 6, 2011 at 4:15 am

    - Y es completamente falso que la cancelación de Yucca Mountain responda a motivos técnicos, la NRC no ha encontrado ningún problema en el diseño ni en el emplazamiento que afecte la viabilidad del proyecto. Por otra parte es una formación de origen volcánico, por lo que en este caso tampoco hay sal. De hecho, el proyecto ni siquiera ha sido cancelado oficialmente, pues la decisión no ha sido aprobada por el Congreso, sino que simplemente el DOE han retirado los fondos necesarios para su continuación por decisión política, una situación ciertamente irregular e indeseable en muchos aspectos, como por ejemplo la probable pérdida de buena parte del conocimiento científico acumulado sobre la región del planeta estudiada con mayor nivel de detalle por la dispersión de los correspondientes expertos y por no haber podido siquiera organizar convenientemente la gestión de la documentación generada, 1.8 millones de documentos electrónicos y 11000 cajas de documentación en papel. Tanto este artículo como este otro informe resultan bastante interesante y reveladores en cuanto a toda esta situación, así como preocupantes en cuanto el funcionamiento de ciertos organismos y al comportamiento de ciertos cargos políticos.

    - Respecto a los reactores de Oklo, precisamente los repositorios previstos, como el caso del de Finlandia, se ubican a unos 500 metros de profundidad, por lo no son malos análogos en este aspecto. Evidentemente, tras casi 2.000 millones de años todos los actínidos y productos de fisión se han desintegrado, dejando solo elementos estables (a parte del uranio y los isótopos de su cadena de desintegración), pero sí que ha podido trazarse la ubicación de los descendientes estables de las cadenas de desintegración de los isótopos de plutonio y otros actínidos, por ejemplo, obteniéndose información muy valiosa acerca de todo su proceso de migración de éstos hasta que dejan de ser radioactivos.

    - Puede ser correcto que animales de vida más corta puedan tener menos probabilidades de desarrollar cáncer inducido por radiación antes de morir por otras causas, aunque el tiempo de desarrollo de este tipo de enfermedades también es distinto según las especies, por lo que no es necesariamente tan claro. En cualquier caso, evidentemente no estoy proponiendo a nadie que se ponga a vivir dentro del sarcófago de Chernobyl, pero estoy convencido que a la mayoría de la gente le sorprenderá el simple hecho de que tales aves no solo no caigan muertas tras un breve período de tiempo, sino que sus huevos y poyuelos se desarrollen en ese entorno de forma esencialmente correcta, aun siendo éstos mucho más sensibles a los efectos de la radiación que los organismos adultos. Por tanto, aun en el caso de que hubiera población humana en zonas considerablemente contaminadas como las adyacentes a la central, si se produjeran efectos significativos sobre la salud difícilmente serían detectables sin estudios epidemiológicos detallados. Podrían ser indeseables a nivel individual, pero es más que discutible que pudieran tener algún impacto real en una población como conjunto.

     
  5. ZZR

    diciembre 6, 2011 at 4:19 am

    (…)

    En definitiva, aunque no sé si la relación de riesgos que exponías en el artículo pretendía estar ordenada por orden de importancia, me sorprende bastante que los residuos nucleares aparezcan de forma destacada en primer lugar. Y no solo es por el hecho de que otros residuos tóxicos, o contaminantes del tipo que sean, puedan tener un papel mucho más significativo en el escenario de colapso planteado, sino porque tengo la impresión que todos los aspectos potencialmente nocivos para la salud derivados de tal situación serían conjuntamente insignificantes comparados con la falta de aquellos requisitos necesarios para la vida, como por ejemplo la disponibilidad de alimentos, agua potable, medicinas o atención médica adecuada.

    Y en caso de que pudieran evitarse semejantes escenarios, manteniendo en buena medida las capacidades tecnológicas aunque sea en condiciones más austeras, fomentar una aversión no justificada hacia la energía nuclear me parece que puede resultar irresponsable y notablemente contraproducente. Pues es probable que tengamos necesidad de ella para cubrir nuestras necesidades, y que las consecuencias de dicha aversión no solo podrían ser, sino que han sido y son actualmente considerablemente más graves que las derivadas de su utilización.

     
  6. LocusAmoenus

    diciembre 9, 2011 at 9:47 am

    AMT habla en otras entradas de este blog de los demás peligros, directos e indirectos, relacionados con el colapso. No se puede afirmar que presente a la energía nuclear como el peor de nuestros enemigos.

    AMT dijo:
    "[b]algunos ejemplos[/b] de los costes naturales diferidos que [b]se pueden volver[/b] irremontables [b]en la época de escasez[/b]"

    Ciertamente deja lugar a la duda, y esa duda no la puede negar nadie. Por lo que sabemos en la actualidad, el hombre comete errores y más errores, cuando no es la naturaleza la que le desbarata los planes. Todos esos avances tecnológicos para las centrales de 4ª generación (al menos el asunto de la refrigeración por convección, sin coste energético) suenan ahora tan bien como sonaban en su momento los avances para los de 2ª o 3ª, pero siguen habiendo problemas que afectan a la salud humana en los alrededores de las centrales accidentadas, a pesar de disponer de toda la tecnología y energía actuales. No sé los pájaros qué pensarán.

    Sobre los pájaros de Chernóbil:
    Yo no he visto el documental y los pajaritos en la cúpula de Chernóbil, pero dudo que los que lo rodaron pasasen muchas veces por allí dentro para comprobar lo que estaban diciendo; y también dudo que las pocas parejas que puedan anidar en ella tengan un efecto significativo en el éxito o fracaso de la especie en toda esa región. Si estuviéramos hablando de pájaros enjaulados…

     
  7. leticia

    enero 9, 2012 at 2:24 pm

    ..y he leído miles de artículos como ésra pero fuera de preocuparte , ¿ que podemos hacer los humanos manejados ..somos al igual que el planeta , destruidos, …. llevados como ganados de ovejas para sus fines y suculentos bolsillos llenos de poder …. ..esto que sta sucecdiendo y sucedera en la tierra los tienen que ver las grandes potencias ..avasalladoras y que se han creido el cuento de que ellos seran los unicos que se salvaran del holocuasto provovado .. ellos tiene el poder de llevar al humanoide a lo que quieran …. sino estamos fritos no mas …

     
  8. Deep thought | My Blog

    enero 12, 2012 at 9:09 pm

    [...] reading a finish post in Spanish, or in Italian. (7 Jan 2012)Looks like a good post. Anyone meddlesome in translating it into [...]