Despues el pico

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Por Richard Heinberg, originalmente publicado el 31 de Enero de 2015 por Post Carbon Institute. Traducción: Quim.

Hace casi 17 años que el movimiento del pico del petróleo se inició con la publicación de “El fin del petróleo barato” escrito por los geólogos petrolíferos Colin Campbell y Jean Laherrere en la edición de marzo del 1998 de la revista Scientific American. Campbell acuñó el término “pico del petróleo” para describir el momento, inevitable, en el que la industria petrolera mundial conseguiría la máxima producción de petróleo de la historia. A partir de entonces, la producción iría disminuyendo a medida que la calidad general de los recursos disponibles se deterioraría y por los rendimientos decrecientes de las inversiones. A menos que la sociedad hubiera reducido drásticamente, y de forma proactiva, su dependencia del petróleo, el resultado sería una serie de sacudidas económicas que devastaría las sociedades industriales.

Campbell estimó que la producción mundial de petróleo convencional alcanzaría su máximo antes del año 2010. En publicaciones posteriores, Laherrere previó que el pico de petróleo convencional haría que los precios subieran, incentivando el desarrollo de recursos petrolíferos no convencionales. El resultado sería un ulterior pico de “todos los combustibles líquidos”, estimando que ocurriría alrededor del año 2015.

Hoy en día podríamos estar muy cerca en ese segundo pico. La producción de petróleo convencional comenzó a decaer en 2005, ligeramente antes de lo previsto, dando lugar a unos años en los que los precios han llegado a niveles récord -incentivando el desarrollo de tecnologías para explotar las arenas bituminosas y el petróleo de esquistos bituminosos, y la producción de grandes cantidades de biocombustibles por parte de EE.UU. y Brasil. Sin embargo, los elevados precios del petróleo empezaron a debilitar las economías de los países industrializados que dependen del petróleo, reduciendo su demanda de combustibles líquidos. La diferencia generada entre la creciente oferta y la moderación de la demanda se ha traducido en un temporal exceso de oferta y una caída de los precios del petróleo.

La bajada de los precios obligan, a su vez, a la industria a reducir las actividades de perforación. Con el aumento del número de plataformas ociosas, la producción mundial de crudo probablemente se contraerá en el último semestre de 2015 hasta el primer semestre de 2016. Sin embargo, no es de esperar que una recuperación de los precios, a resultas de la caída de la producción, conlleve el retorno de una tendencia ascendente de la producción, ya que la burbuja de producción de petróleo de esquisto explotará, en cualquier caso, alrededor del año 2016. Y los bancos, una vez escarmentados tras su onerosa financiación de unos proyectos de perforación de escasa rendabilidad, serán poco proclives a lanzarse a pies juntillas nuevamente a la arena de la producción de petróleos no convencionales.

Irónicamente, al mismo tiempo que la tasa de producción mundial de combustibles líquidos puede estar llegando a su cúspide, se escucha que las advertencias respecto el pico del petróleo han sido completamente desatinadas. El mundo está en medio de un exceso de oferta y los precios están disminuyendo, nos recuersan los infatigables cornucopianos. ¡Sin duda, esto refuta a los pesimistas profetas del peligro! Sin embargo, tal como el experimentado comentarista del peak oil Ron Patterson señala:

El pico del petróleo será el momento en el se produzca más cantidad de petróleo que nunca se haya producido en la historia del mundo, y que nunca más se producirá. Es muy probable que este período sea considerado como un momento de exceso en lugar de un tiempo de escasez de petróleo.

Dentro de un par de años, aquellos de nosotros que hemos pasado la mayor parte de las últimas dos décadas adviertiendo sobre la proximidad del pico del petróleo podremos ser reivindicados por los datos, o la mismísima opinión pública. ¿Nos preparamos para el regocijo? Bueno, yo no planeo hacerlo. Después de todo, el propósito del ejercicio no era ganar puntos, sino advertir a la sociedad. Estábamos tratando de cambiar el sistema industrial de tal manera que se redujera la escala de la consiguiente recesión económica. No parece que lo hayamos conseguido. Buena parte de nuestros esfuerzos estaban orientado a hacernos oir; y nuestro impacto real sobre la política energética fue mínimo.

Pero no hay razón para avergonzarse: las cartas no nos han favorecido. Los economistas profesionales, que tienen un dominio absoluto sobre las políticas gubernamentales, siguen insistiendo en que la energía es un ingrediente completamente sustituible en la economía, y que el agotamiento de los recursos no plantea ningún límite al crecimiento económico. Creyendo que esto es cierto, los responsables políticos han hecho oídos sordos con total efectividad.

Un cínico podría pensar que ahora es un buen momento para que los veteranos de la teoría del pico del petróleo canten victoria, prepararse para la eventualidad, y ver el desenlace de la tragedia. Sin embargo, para los participantes serios en la discusión aquí es donde comienza el verdadero trabajo.

Durante estos últimos 17 años, en los que el debate pico del petróleo revolvió a los expertos en energía, surgió el problema del cambio climático y su impacto en la supervivencia de los ecosistemas, proporcionando otra razón de peso para reducir nuestra dependencia, no sólo en petróleo, sino de todos los combustibles fósiles. Sin embargo, la respuesta del mundo a la cuestión del clima ha sido, más o menos, la misma que para el pico del petróleo: negación y palabrería.

Hoy en día, la sociedad está a punto de comenzar su inevitable y desgarradora adaptación a una menor disponibilidad de energía y movilidad, justo en el momento en el que el impacto del cambio climático provocado por el uso de combustibles fósiles está empezando a notarse en los hogares. ¿Cómo vamos, aquellos de nosotros que hemos pasado los últimos años en modo advertencia, a contribuir al desarrollo de este nuevo y crucial capítulo del drama humano?

A pesar de la incapacidad de los peakoilers para cambiar las políticas del gobierno, nuestro proyecto no ha sido, ni de lejos, una pérdida de tiempo y esfuerzo. El mundo está mejor hoy de lo que hubiera sido si no hubiéramos hecho nada, aunque claramente no tan bien como nos hubiera gustado. Unos pocos millones de personas entendieron el mensaje y por lo menos decenas de miles cambiaron sus vidas y estarán mejor preparados para la que se avecina. Y lo mismo podría decirse sobre el activismo climático.

Y así como nuestro principal objetivo durante los últimos 17 años fue el de alertar al mundo sobre los desafíos que se avecinan, ahora es el de fomentar la adaptación a los cambios fundamentales actualmente en curso. Las preguntas que ahora deberían plantearse son:

  • ¿Cómo podemos ayudar a desarrollar una sociedad resiliente, a partir del nivel local, asumiendo que vamos a tener poco o ningún acceso a las riendas de la política nacional?
  • ¿Cómo podemos ayudar a la sociedad a adaptarse al cambio climático, al mismo tiempo que se construye una infraestructura de cero-emisiones?
  • ¿Cómo podemos ayudar a que la sociedad se adapte a las cantidades y calidades de energía que las renovables serán realmente capaces de proporcionar?

Tenemos que asumir que esta tarea se va a realizar en medio de la aceleración de la decadencia económica, el desequilibrio ecológico, y de crisis periódicas, lejos de unas condiciones ideales de trabajo.

Por otro lado, existe la posibilidad de que la crisis podría actuar en nuestro favor. A medida que se alteren sus rutinas y expectativas, muchas personas pueden ser proclive a nuevas explicaciones acerca de su situación y sobre nuevos comportamientos que les ayude a adaptarse a la pobreza energética y monetaria. Nuestro reto será enmarcar, de manera persuasiva, la evolución de los acontecimientos en términos ecológicos (energía, hábitat, población) en vez de en los convencionales términos políticos (los buenos, los villanos), y para ofrecer soluciones prácticas a los crecientes problemas cotidianos de supervivencia -soluciones que reduzcan los problemas ecológicos en lugar de acrecentarlos. Nuestra meta no deberá ser la de preservar las sociedades industriales o los estilos de vida de la clase media tal como los hemos conocido (eso es imposible de todos modos), sino ofrecer una “manera próspera de decrecimiento”, como Howard Odum lo expresó, preservando al mismo tiempo cualquier bien cultural que pueda ser rescatado y que merezca el esfuerzo.

Al igual que con nuestros esfuerzos recientes para advertir a la sociedad sobre el pico del petróleo, no hay ninguna garantía de éxito. Pero es lo que hay que hacer.