Not in my Backyard

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La primera vez que oí esta expresión fue durante una ponencia en el congreso VERTIMAR-2007. Dicho evento fue organizado para presentar los resultados de los proyectos de investigación correspondientes a la Acción Especial sobre Vertidos Marinos que se impulsó como respuesta al desastre del Prestige en noviembre del 2002. Esta expresión la pronunció un economista que realizó un estudio sobre el impacto socio-económico del desastre del Prestige.

La cuestión en concreto era valorar qué impacto hubiera habido en el caso de que el Prestige hubiera accedido a un puerto de refugio donde poder controlar mejor el derrame de crudo, es decir más acotado en el espacio y el tiempo. Obviamente la medida hubiera afectado localmente al puerto y a un área circundante pero en téminos económicos y también ecológicos hubiera sido mucho mucho menor que el efecto spray de las corrientes oceánicas y vientos transportando fuel a lo largo de más de 1000 km de la costa.

Sin embargo lo que ocurre es que normalmente ninguna población quiere tener un puerto refugio de emergencia. De la misma manera que nadie quiere un vertedero en su municipio, ni una planta química, ni una papelera, ni una central nuclear… Pero claro todos queremos tener una gasolinera cerca de casa, un kiosco con el diario y las chuches, una droguería y, sobretodo, poder encender la luz cada tarde, abrir el frigorífico y disfrutar de nuestros 20 grados Celsius en el comedor de casa. Ah ! y que le recojan la basura diariamente en verano por aquello de los olores. Este es el sentido de dicha expresión, más o menos algo como no “en mi patio trasero” o “no en mi jardín” (en Europa los jardines se prolongan frecuentemente en la parte trasera de las casas).

Bueno y los que tenéis la paciencia de leer este blog os preguntaréis y qué relación tiene esto con la temática de este blog. Pues hace unos días volví a leer esta expresión atribuida al biólogo Ramon Folch en un articulo acerca del rechazo que se está produciendo por la construcción de plantas de generación de energía con biomasa en diversas localidades de Cataluña, cuyos habitantes rechazan su instalación. Un caso similar y simultáneo ocurre en L’Ametlla de Mar, un municipio de la provincia de Tarragona en el Delta del Ebro, en relación al proyecto Zefir. En este proyecto se pretende crear una planta piloto de prueba de producción de energía eólica marina. He seguido detalles de este proyecto por otras razones y en aquel entonces se trataba de instalar 2-3 molinos en la zona litoral a poca profundidad y uno en aguas profundas. Los lugareños se oponen al proyecto; la prensa indicaba la instalación de hasta 12 aerogeneradores.

Claro está lo que en principio iba a ser una infraestructura de desarrollo e investigación en eólica marina, así lo pude entender de sus responsables, ahora parece más bien un miniparque de explotación de energía. En cualquier caso las razones del rechazo son básicamente por el impacto visual, sonoro y posibles impactos en las poblaciones de aves en dicha zona, muy abundantes y de alto valor ecológico. Aunque también según escuché en una comentario de una de las personas que protestaba, porque estan hartos de todos los planes que afectan al área del Delta: almacenes de residuos radioactivos, plantas nucleares, plantas químicas altamente contaminantes (ERKIMIA), proyectos de almacenamiento de gas en pozos marinos abandonados, parques eólicos en tierra y ahora claro, parques eólicos en el mar.

Sin embargo este rechazo específico a los parques eólicos también se han producido en Girona, en Tarifa y en otras zonas donde la población concede un gran valor al paisaje. En este caso como el de la planta de biomasa el rechazo viene de los que los van a sufrir en sus carnes, a pesar del beneplácito y apoyo de entidades y organizaciones ecologistas (mucho me temo no residentes en dichos lugares) ya que se trata de sistemas de producción de energía consideradas renovables y razonadamente limpias. Todo y que en el caso de las plantas de biomasa se percibe ciertas discrepancias dentro de los propios movimientos y plataformas ecológicas (véase http://www.ecologistasenaccion.org/article18508.html).

Pero, volviendo al tema que nos ocupa lo que quisiera destacar es la reproducción del síndrome “not in my backyard” en los temas energéticos, todo y que es un sentir generalizado la bondad con que la gente percibe la generación de energía renovable y/o razonablemente limpia. Vaya, que no es como que te instalen un estercolero, una central nuclear o un puerto de refugio donde te pueden encasquetar todo un Prestige. Cuál es la reflexión pacientes lectores que habéis llegado hasta aquí ? Pues sencilla, los motivos de rechazo son motivos legítimos, claro está. También son legítimos los intentos de planficación de la clase política para favorecer de desarrollo tecnológico, el empleo y por qué no las actividades empresariales. Sin embargo en toda esta discusión falta el punto más importante y relevante: la conscienciación de que estamos ante un crisis energética sin precedentes en nuestra más reciente historia. Creo que razones y argumentos objetivos hay de sobra en este blog.

Si en las clases dirigentes ésto se ha llegado a discutir, que nos consta, falta valentía para informar a la gente con seriedad y raciocinio de la situación. “¡ No hay que alarmar !” dicen algunos con ese tono paternalista que siempre ha caracterizado a los políticos respecto a sus representados. Con toda la información en la mesa sería más fácil tomar decisiones en el bien de todos y si hubiera que hacer sacrificios se harían. Obviamente si fuera posible un futuro renovable, los aerogeneradores se han colocar allí donde hay más viento y las plantas de biomasa aprovechan un recurso que cuesta poca energía obtener aunque tampoco nos van a solucionar el futuro. Sin embargo los informes relativos a los planes de energía, por ejemplo en Catalunya, se plantean sobretodo desde una óptica de obsesivo cumplimiento de cuotas de emisiones de CO2 (famoso objetivo 20-20-20) y no desde una perspectiva de un futuro inmediato de escasez de energía. Aquí radica el error en mi humilde opinión. No voy a insistir más porque si seguís este blog ya sabéis a lo que me refiero.

En cualquier caso no me extraña que los ciudadanos se cabreen ante la falta de coherencia de los que toman decisiones. Cómo pueden defenderse actuaciones en el ámbito energético de necesidad de autoabastecimiento si primero se consienten y autorizan megapistas de patinaje de hielo en céntricas plazas, o se se estudian proyectos como EUROLASVEGAS cuyo resultado va a contribuir a la insostenibilidad de recursos escasos como la energía y el agua potable e hipotecar el futuro de los que vivimos aquí. A mi tampoco me gustaría que instalasen una planta de energía en mi patio trasero para ello.

EGL