Queridos lectores,
Hace unos días la televisión pública autonómica TV3 emitió un documental de factura propia titulado “Comprar, tirar, comprar”, del cual se hacía eco un Quim redivivo en la web del OCO. En ese interesante filme se explica el concepto de la obsolescencia programada. El principio de la obsolescencia programada consiste en diseñar los productos con una vida útil limitada, inferior a la que las capacidades de diseño permiten, de modo que el consumidor se vea obligado a comprar uno nuevo “antes de tiempo”. En algunos casos se boicotea deliberadamente el producto para que falle en un plazo preciso prefijado, ya que interesa que el producto esté al máximo rendimiento (para así poder avalar su calidad) hasta que llegue su hora; en el documental se muestra el ejemplo de una impresora que tiene un contador interno del número de impresiones hechas para, superadas las 18.000, dejar de funcionar. En otros casos, el producto no falla, pero mediante la publicidad y con nuevos diseños se consigue convencer al consumidor de que necesita cambiarlo.
La primera cosa que se ha de entender es que la obsolescencia programada es una necesidad de un sistema económico como el nuestro. Aunque sobre este punto seguro que algunos comentaristas querrán introducir matizaciones, la realidad es que todos los analistas convencionales hablan de crecimiento porcentual (y, por tanto, exponencial) del Producto Interior Bruto (PIB) como base de una economía sana. Y para aquellos empresarios que comercian con mercancías físicas, eso implica que sus mercancías, o bien aumentan de valor añadido o bien se aumenta el número de mercancías vendidas (aunque también se pueden bajar los salarios). En todo caso, lo que nunca va a ser aceptable es que el número de mercancías vendidas disminuya, cosa que inevitablemente sucederá si nuestros productos son demasiado duraderos y el mercado se satura. Por tanto, la obsolescencia programada es una necesidad de nuestro sistema económico. Otra cosa muy diferente es si la obsolescencia programada es conveniente para el mantenimiento del hábitat de nuestro planeta y para la gestión de los recursos naturales. La respuesta es, obviamente, no, dado que ni el respeto al medio ambiente ni la escasez de recursos son variables tenidas en cuento en este diseño. Aparte del mencionado “Comprar, tirar, comprar” (disponible en la web sólo hasta el 31 de Diciembre), hay varios documentales interesantes sobre la inviabilidad de nuestro sistema productivo, como “The Story of Stuff” (doblaje al castellano).
Poco importa lo que haya pasado en el pasado; ahora lo que importa es qué hacemos con el futuro. Y lo primero que tenemos que pensar de cara al futuro es que necesitamos cambiar nuestros diseños, con tres objetivos en mente, sobre los que suelo insistir en las charlas que doy:
- Se han de optimizar los diseños: Los productos se tienen que fabricar para durar tanto como se pueda, consumiendo tan poca energía y tan pocas materias primas como se pueda. Este cambio es muy radical, porque implica que las fábricas han de planificar cuidadosamente su producción, ya que después de una fase expansiva se llegará forzosamente a un estado estacionario. Para poder conseguir este cambio, seguramente sería conveniente que los productos tengan un precio muy superior al actual, ya que han de incluir los costes implicados por usar recursos escasos – contando material de minería y reciclado (es decir, el precio ha de cubrir el coste de oportunidad de usar estos recursos escasos para este y no otro fin) y por los costes ambientales y de otro tipo hasta ahora externalizados (es decir, el precio ha de cubrir los costes de reciclaje). Piénsese que si se incluyese solamente la externalización medioambiental se estima que un teléfono móvil sencillito (no un modelo último grito tipo smartphone) podría costar más de 1.000 euros, y posiblemente llegando a los 2.000. Contando con el coste de oportunidad de agotar los recursos, el precio de ese móvil básico podría fácilmente estar en el entorno de los 3.000 euros. Pero, evidentemente, a 3.000 euros la unidad poca gente tendría móviles. Eso implica un cambio, como decimos, radical de la manera de concebir el mercado. Por lógica se ha de comenzar por cubrir las necesidades más básicas y luego, si hay recursos para ello, otras menos prioritarias. Queda la candente cuestión si de debe permitir usos que sean muy elitistas (el móvil en este nuevo orden lo sería), pero ése es ya un tema para el Acorazado Aurora.
- El diseño debe favorecer la reparación: El actual modelo de “usar y tirar” no tiene sentido en un ambiente de recursos escasos. Si una cosa se estropea debe de repararse. La capacidad de ser reparado es más importante que las prestaciones, y éstas últimas deben estar supeditadas a la primera.
- El diseño debe favorecer el reciclaje: Por los mismos motivos ya expuestos, se debe asegurar que los objetos sean reciclables en grado sumo, con el objetivo de que lleguen a serlo al 100%. Objetos no reciclables, incluso parcialmente, no deben ser producidos. Como en el punto anterior, esta exigencia debe pasar por delante de las prestaciones.
Lo que estoy contando, por supuesto, no es nada nuevo: básicamente son las tres R aplicadas al contexto de escasez de recursos. Ahora bien, ¿qué implica todo esto de una manera práctica, en nuestro día a día? ¿Qué debemos hacer para preparar la transición, que es el leit motiv de esta serie de posts? No todo el mundo podrá hacer algunas de las cosas que ahora propondré, pero es importante que quien pueda se tome la molestia de considerarlo, no sólo por su bien, sino por el bien de su comunidad:
- Aprender a reparar aquellos objetos más esenciales: Conocer su mecánica básica y los fallos más comunes. Asegurarse de tener recambios para repararlos. Intentar buscar sustitutos con materiales más comunes y abundantes para algunas de las piezas, haciendo pequeñas chapucillas si es preciso. Aprender a montar una herramienta básica sustitutiva a partir de piezas fundamentales, diseñadas por uno mismo si puede ser. Preferir la madera al plástico, y en caso de usar plástico aprender a reciclarlo/reutilizarlo. Si la capacidad de reparación se puede implementar a gran escala, mejor que mejor.
- En procesos industriales, recuperar los diseños más robustos: Ahora hay tiempo, energía y capital para intentar compilar la información sobre los diseños industriales más robustos: si en realidad sabemos hacer, como se muestra en el documental, bombillas que duran décadas, medias de nylon prácticamente irrompibles o impresoras con una vida extendida, intentemos que ese conocimiento no se pierda. Aquellos que tengan conocimiento para hacerlo deberían poner a disposición de la comunidad manuales que enseñan a hackear aparatos básicos, explicando como sustituir piezas para alargar su vida.
- En los procesos industriales, investigar cuáles son los diseños más robustos: Ya no paga el principio de la obsolescencia programada, puesto que en el medio plazo no va a haber un gran mercado para los productos por falta de recursos y de capacidad de consumo. Aún hay tiempo y capital para poder dedicar esfuerzo y energía a estudiar ciertos procesos para hacerlos más resistentes y menos dependientes en materiales escasos, más resilientes. Aquellos que tengan visión de futuro y que entiendan que las manufacturas del futuro son muy diferentes de las de hoy en día ganarán la partida.
- Entender qué es lo que tendrá demanda y a qué nivel: Por ejemplo, quizá habrá ordenadores, pero serán comunitarios y a una escala mucho más pequeña; en ese sentido, posiblemente apostar por la vía de los productos más tecnológicos no es la más provechosa, al menos no para todo el mundo. Seguramente tiene más interés, para empezar, centrarse en mecanismos clave: bombear agua, purificarla, irrigar los campos, fabricar tractores, picos, palas, poleas, gatos hidráulicos, grúas, excavadoras, … Es difícil saber qué será lo más útil; más aún, que máquinas tendrán la suficiente demanda como para pagar su precio real. Algunas, incluso, tendrán que ser versiones reducidas, con menor capacidad que las actuales, para adecuarse a la demanda futura. Todo un cambio de mentalidad.
En suma, si hemos de repensar la manera de diseñar los objetos que usamos para las diversas tareas que tendremos que seguir ejecutando, es importante que ahora que podemos hagamos una reflexión profunda sobre este asunto en particular, y compartamos la información sobre los diseños básicos, fundamentales, que ayuden a todas las comunidades a salir adelante con el menor esfuerzo posible. Sería interesante crear un directorio de diseños básicos, robustos, reparables y reciclables, que fueran patrimonio de la Humanidad y que todo el mundo pudiera usar fácilmente. La globalización de las ideas, más allá de la del capital.
Salu2,
Antonio
